5 consejos útiles para recuperar la magia en tu pareja

Consejo 1

Analiza la raíz del problema. Y reflexiona sobre los motivos que causaron esta crisis emocional. Acepta el problema. Y reflexionar también con tu pareja. Recuerda que el dialogo es la herramienta mas importante que tenemos en momentos como este.

Consejo 2

Se auto-crítico.  La responsabilidad del problema es de ambos. Nunca una sola parte es el responsable total. Reflexiona esta vez con pensamiento mas templado y determina cuales fueron tu fallas.

Consejo 3

Elimina la desconfianza
En la superación de esta crisis te recomiendo. Que hagas borrón y cuenta nueva. Es muy importante quedarse con esos recuerdos que nos llenan de felicidad. Y no con aquellos que nos llenan de rencor. Solo así podrás construir nuevos momentos de felicidad que te harán liberar una sonrisa el día de mañana. 

Consejo 4

Sincerarte. Es importante que ambos  se dirijan con sinceridad y se digan lo que realmente sienten y que quieren para su futuro. 

Consejo 5

Recupera la magia. Un consejo efectivo para comenzar,  es recuperar la magia que se persivía en esos primeros tiempos de la relación.  Por ejemplo con una cena, una escapada romántica, ir a ver un espectáculo que los une. En definitiva deben revivir esos primeros instantes donde todo era felicidad entre ustedes.

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«El trabajo» Khalil Gibrán

Entonces un hombre del arado dijo, «Háblenos del Trabajo».

Y él respondió, diciendo:

Trabajas para mantener el ritmo con la tierra y con el alma de la tierra.

Porque estar parado es volverse desconocido para las estaciones, y salir del desfile de la vida que desfila con majestad y sumisión orgullosa hacia lo infinito.

Cuando trabajas eres la flauta por cuyo corazón el susurro de las horas se vuelve música.

¿Cuál de Uds. sería un junco, callado y silencioso, cuando todo lo demás canta al unísono?

Pero te digo que cuando trabajas, realizas una parte del sueño más lejos de la tierra, el cual te fue asignado a ti cuando ese sueño nació.

Y por seguir trabajando en verdad estás amando la vida,

Y amar la vida por el trabajo significa estar íntimo con el secreto más íntimo de la vida.

Pero si por tu dolor le llamas aflicción al nacimiento y al apoyo de la carne una maldición escrita en tu frente, entonces contesto que nada sino el sudor de tu frente te lavará lo que está escrito.

También te han dicho que la vida es tiniebla, y en tu cansancio repites lo que dijeron los cansados.

Y yo digo que la vida sí es tinieblas salvo cuando hay impulso,

Y que todo impulso es ciego salvo cuando hay conocimiento,

Y que todo conocimiento es vano salvo cuando hay trabajo,

Y que todo trabajo es vacío salvo cuando hay amor;

Y que cuando trabajas con amor te atas tú mismo a ti mismo, y a los otros, y a Dios.

Y, ¿qué significa trabajar con amor?

Significa tejer el paño con hilos sacados de tu corazón, como si tu amado fuera a llevar ese paño.

Significa construir una casa con afecto, como si tu amado fuera a vivir en esa casa.

Significa sembrar las semillas con cariño y cosecharlas con alegría, como si tu amado fuera a comer las frutas.

Significa cargar todas las cosas que creas con un aliento de tu propio espíritu,

Y saber que todos los muertos benditos están alrededor de ti y mirándote.

Muchas veces he oído que dices, como dormido, «aquél que trabaja con mármol y halla la forma de su propia alma en la piedra es más noble que el que ara la tierra.

Y aquél que agarra el arco iris para ponerlo en el paño en el parecido del hombre, es más que aquél que fabrica las sandalias para nuestros pies».

Pero digo yo, no dormido sino en el sobre-despertar del mediodía, que el viento no habla más dulcemente a los robles gigantes que a la brizna más pequeña de la hierba;

Y sólo es grande el que transforma la voz del viento en una canción hecha más dulce por su propio amor.

El trabajo es el amor hecho visible.

Y si no puedes trabajar con amor sino sólo con repugnancia, es mejor que te vayas de tu trabajo y te sientes en la puerta del templo y consigas limosna de aquellos que trabajan con alegría.

Porque si cueces pan con indiferencia, cueces un pan amargo que satisface sólo la mitad del hambre.

Y si lamentas aplastar las uvas, tu lamento destila un veneno en el vino.

Y aunque cantes como los ángeles, pero no amas el cantar, amortiguas el oído de la gente contra las voces del día y las voces de la noche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CASA IMPERFECTA

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.

Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. «Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti».

Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

Construimos nuestras vidas de manera distraida, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.

La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!

Extraido del libro “la culpa es de la vaca»

La Fabula del Aguilucho

La Fabula del Aguilucho

Erase una vez un granjero que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho malherido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en el corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como éstos.

Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al granjero:

_¿Porqué esta águila, la reina de todas las aves y pájaros, permanece encerrada en el corral con los pollos?

El granjero contestó:

_Me la encontré malherida en el bosque y, como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila.

El naturalista dijo:

_El tuyo me parece un bello gesto, haberla recogido y haberla curado y cuidado. Además, le has dado la oportunidad de sobrevivir y le has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo, tiene corazón de águila y, con toda seguridad, se le puede enseñar a volar. ¿Qué te parece si la ponemos en situación de hacerlo?

_No entiendo lo que me dices -respondió el granjero-. Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido.

_Es verdad, tú no se lo has impedido, pero como muy bien decías antes, como le enseñaste a comportarse como los pollo, por eso no vuela. ¿Y si le enseñamos a volar como las águilas?

_¿Por qué insistes tanto? Mira, se comporta como los pollos y ya no es un águila, qué le vamos a hacer. Hay cosas que no se pueden cambiar.

El naturalista hizo una pausa, y luego dijo:

_Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos fijamos ahora en su corazón de águila y en sus posibilidades de volar?

_Tengo mis dudas porque, ¿qué es lo que cambia si en lugar de pensar en las dificultades, pensamos en las posibilidades?

_Me parece una buena pregunta la que me haces. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero, ¿no crees que si pensamos en las posibilidades de volar esto nos invita a darle oportunidades y a probar si esas posibilidades se hacen efectivas?

_Es posible -reconoció el granjero-.

_¿Qué te parece si probamos? 

_Probemos.

Animado, el naturalista, al día siguiente, sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo:

_Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo.

Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso y, al ver desde la loma a los pollos comiendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo.

Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo:

_Eres un águila. Abre las alas y vuela. Puedes hacerlo.

El aguilucho tuvo miedo de nuevo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturalista y saltó una vez más hacia el corral.

Muy temprano, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho a una elevada montaña. Una vez allí, le animó diciendo:

_Eres un águila, abre las alas y vuela.

El aguilucho miró fijamente a los ojos del naturalista. Éste, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente.

_No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas. Pero ya verás cómo vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además, estos días pasados, cuando saltabas pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas.

PARA EL RESTO DE MI VIDA…

 

  PARA EL RESTO DE MI VIDA… 

 

      Para el resto de mi vida existen dos días que nunca más me van a afectar.
      El primer día es ayer, con todos sus errores y lágrimas, sus tonterías y derrotas. El ayer ha pasado y permanecerá para siempre lejos de mi voluntad.
      El otro día es mañana, con todas sus trampas y amenazas, sus peligros y su misterio.
      Hasta que el sol vuelva a salir no pensaré en el mañana, pues éste todavía no ve la luz.
     Con ayuda de Dios y sólo un sía para concetrar en él todos mis esfuerzos y mi energía, el día de hoy ¡PUEDO TRIUNFAR! Solamente cuando añado el obstáculo de esas dos aterradoras eternidades, el ayer y el mañana, me encuentro en peligro de vacilar bajo el peso de mi carga. ¡NUNCA MÁS!¡ESTE ES MI DÍA! ¡ESTE ES EL ÚNICO DÍA QUE TENGO!¡HOY  ES TODO LO QUE IMPORTA! El día de hoy constituye el resto de mi vida y he decidido conducirme a lo largo de cada hora de vigilia de la siguiente forma:

       Para el resto de mi vida, en este día especial, Dios mio ayudáme:
       a prestar atención a los sabios consejos de Jesús, Confucio y Zoroastro y a tratar a cualquier persona que se encuentre, amigo o enemigo, desconocido o conocido, como yo quisiera que me tratarán a mi;
      a mantener el control de mi lengua y mi carácter, cuidándomede no hacer tonterías, de la crítica y de los insultos;
     a saludar a todos a quienes me encuentre con una sonrisa en lugar de con una mueca y con una suave palabra de aliento en lugar de dasaliento o, lo que es peor, con silencio:
     a ser comprensivo y atento ante las penas y los esfuerzos de los demás, entendiendo que en cada individuo se ocultan desgracias sin importar qué tan graves o leves puedan ser;
    a darme prisa para ser agradable con los demás, comprendiendo que la vida es desiado corta para ser vengativo y malicioso, y que termina demasiado pronto para mostrarme mezquino o cruel.

    Para el resto de mi vida, en este día especial Dios mio ayudáme:

    A seguir recordándome que para poder cosechar mayor cantidad de mazorcas en el otoño, debo sembrar mpas granos de maíz en primavera:
    a entender que la vida siempre va a recompensarme en los términos que yo establezca, y que si yo no llevo a cabo o doy más de aquello por lo que se me paga, nunca tendré motivos para exigir o esperar ninguna recompensa adicional;
   a dar siempre más de que se espera de mí, ya sea en el trabajo, o en la diversión o en el hogar:
   a trabajar con amor y estusiasmo, no importa cuál sea la tarea que deba realizar, comprendiendo que si no puedo asegurarme la felicidad con mi trabajo, nunca sabré lo que es verdadera dicha;
   a perdurar en el trabajo que he elegido incluso cuando otros hayan desistido, pues ahora ya sé que el ángel de la felicidad y el caldero de oro esperan por mí sólo al final de esfuerzo que no se impone limites

     Para el resto de mi vida, en este día especial Dios mio ayudáme:

      a defnir metas que puedan ser alcanzadas antes de que el día haya terminado, pues ahora ya sé que mudar los objetivos de una a otra hora solo puede conducir a un destino: El puerto de la miseria;
      a comprender que ninguna ruta hacia el éxito es demasiado larga si avanzo con valor y sin premura, pues no hay reconocimientos demasiado lejanos si me preparo para ellos desde ahora, con paciencia; 
     a no perder jamás la fe en una mañana más brillante, pues yo sé que si continuo llamando con vigor a la puerta el tiempo suficiente de seguro despertaré a alguien; 
     a recordar en forma constante que el éxito siempre tiene  un precio, y que debo estar sipuesto a equilibrar sus alegrías y recompensas con esa valiosa porción de mi vida que inevitablemente debo sacrificar para lograrlo;
    a aferarme con presteza a mis sueños y planes para una vida mejor, pues si renuncio a ellos, aún cuando siga existiendo, habré dejado de vivir;

     Para el resto de mi vida, en este día especial Dios mio ayudáme:

      a procurar realizar loq ue habita en mi interior, sabiendo que no tengo ninguna obligación de obtener grandes riquezas o triunfos, si no sólo el deber de ser honesto con lo más elevado y lo mejor de mi mismos.
      a no sucumbir jamás al temor del fracaso pues ahora sé que tendré en la emnte las metas que aún no he alcanzado en lugar de fijar mi atención en las trampas que siempre me han amenazado.
       a estrechar a la adversidad entre mis brazos como auna amiga que me enseñará mucho más acerca de mí mismo que lo que cualquiera alegre carrera exitosa y buena fortuna pudieran hacer;
       a recordar que los fracasos, incluso cuando suceden, son tan sólo la vía para el triunfo ya que cada descrubirmiento de lo que es falso me conducirá a buscar la verdad, y cada experiencia me enseñará alguna clase de error que en el futuro será cuidadosamente evitado;
      a recocijarme por lo que tengo, aunque sea poco, recordando siempre la conocida fábula del hombre que lloraba por no tener zapatos hasta que conoció a un hombre que no ténía pies;

      Para el resto de mi vida, en este día especial Dios mio ayudáme:

     a aceptarme tal como soy sin permitir jampas que mi conciencia o mi sentido del deber me obliguen a vivir de tal forma que destine mi vida exclusivamente al beneficio de otras personas.
    a darme cuenta de que  jamás debo considerar los elogios y el amor de la gente como una medida de mi valor personal, puesto que mi valor verdadero depende mucho más de cómo me siento respecto a mi mismo y en qué tan comprometido estoy con el mundo que me rodea;
     a resistir a la tentación de superar los logros de los demás, pues este deseo patético, y sin embargo bastante común, es más que un síntoma de inseguridad y debilida, y jamás llegaré a ser yi mismo si permito que otros fijen la medida de mis logros;
   a enceder todas mis acciones, tanto en el trabajo como en el juego, con chispas contates de entusiasmo, para que mi energía y celo ante cualquier cosa que esté llevando a cabo puedan superar toda clase de dificultades que de otra forma puedieran freanar mi avance;
    a recordar que para incrementar mis riquezas debo pagar su precio en tiempo y energía, pues sólo los tontos permanecen ociosos esperando que el éxito vaya a su encuentro, y ahora ya sé que la única oportunidad de conmenzar por la cima es cavando un agujero;

 Para el resto de mi vida, en este día especial Dios mio ayudáme:

   a hacer por los demás lo que me gustaría que ellos hicieran por mí; a dar más de mí mismo, cada hora que pasa de lo que se espera; a fijar metas y aferrarme con fuerza a mis sueños, a buscar lo bueno en todod los reverses que reciba, a desempeñar todas mis obligaciones con estusiasmo y amor y, sobre todas las cosas, a ser yo mismo.

    Por favor ayudáme a lograr mis propósitos, mi amigo especial, para que tal vez me pueda convertir en un trapero valioso, trabajando en tu nombre con fortaleza renovada y con la sabiduría necesaria para salvar a otros como tú me salvaste a mi. Y por encima de todas las cosas, quédate a mi lago a lo largo de todo el día de hoy…

Pag 169-174, «El regreso del trapero Simón Potter». Og Mandino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las 17 reglas del éxito de “Una mejor manera de vivir”

Las 17 reglas del éxito de “Una mejor manera de vivir”  Por Og Mandino.

REGLA NUMERO UNO:

Hay que considerar lo bueno que uno tiene. Una vez que uno se da cuenta de lo valioso que es y de cuantas cosas positivas tiene a su favor, las sonrisas volverán, saldrá el sol, sonará la música y uno podrá finalmente avanzar hacia la vida que Dios le señaló… con gracia, fuerza, valor y confianza.

Uno de los secretos de la vida más importantes y siempre nuevo que tuve que aprender, con dolor y lágrimas, es que uno no puede comenzar a dar un cambio total en una existencia desesperadamente lastimada y derrotada ni dar un salto para salirse de la triste rutina que su empleo y su carrera significan, ni dejar atrás ese callejón sin salida de lo económico que parece haberlo condenado al fracaso y a una baja autoestima, a menos que uno aprecie las cosas buenas que ya posee.

¿Cosas buenas? ¿Se ríe usted? ¡Vaya sonrisa triste! ¿Está tratando de decirme algo? ¿Dice usted que tiene un cajón lleno de cuentas? ¿Que tal vez su hija mayor se está preparando para ingresar en la universidad y que usted no tiene ánimo par decirle que no puede ir? ¿Que se ha atrasado dos meses en el pago de las mensualidades de su automóvil y que su empleo no parece muy seguro que digamos? ¿Cuáles cosas buenas, piensa usted? Lo invito a permanecer conmigo ahora, mientras le ayudo a considerar algunas de sus cosas positivas en este preciso momento en que usted sigue sentado allí sintiendo lástima por usted mismo.

Hagamos una nueva lista e intentemos asignar un valor monetario sólo a unas cuantas de las cosas buenas que hay en su vida, amigo lector, para que pueda darse cuenta de lo rico que es usted realmente y de cuántas cosas buenas tiene en su favor, aunque haya olvidado esto en su lucha diaria por sobrevivir.

¿Cuánto vale vivir en este gran país? Responda usted, lo reto a que le ponga precio a eso. ¿En dónde preferiría vivir? ¿Cuánto vale ser empleado de la buena compañía en la que trabaja si esta mañana usted estuviera de pie en una fila de desempleados? ¿Cuánto vale su carrera si se da cuenta de que probablemente el 95 por ciento de la población mundial gustosamente daría diez años de su vida, o más por tener la oportunidad que tiene? ¿Cuanto vale su libertad?

¿Y que tal con sus seres queridos y los que aman a usted? ¿Cuánto pediría por ellos? ¿Por los ojos? ¿Aceptaría un millón de dólares por sus ojos?

¿Y en el caso de las manos y los pies? ¿Cinco millones? ¿Diez?

Es usted realmente un ejemplar muy preciado, ¿verdad? En el caso de una confrontación definitiva probablemente usted no cambiaría lo que tiene en este preciso momento por todo el oro de Fort Knox, ¿no es verdad?

Y con tantas cosas buenas a su favor, dígame, por favor, ¿por qué anda por allí sintiéndose triste, golpeado, derrotado y rechazado? ¿Por qué?

¡Ya basta! Hay una mejor manera de vivir para usted y empieza hoy…

REGLA NUMERO DOS:

Hoy, y todos los días, uno debe dar más de lo que le pagan por hacer. La victoria del éxito se habrá ganado a la mitad cuando uno aprenda el secreto de dar más de lo que se espera en todo lo que uno hace. Hay que hacerse tan valioso en su trabajo que más adelante uno se vuelva indispensable. Uno debe ejercer su derecho de recorrer ese kilómetro adicional y disfrutar de todos los beneficios que recibirá. ¡Bien se los merece!.

Me encanta curiosear todas las tarjetas de felicitación de carácter humorístico que parecen estar ocupando cada vez más espacio en los anaqueles de la mayor parte de las tiendas donde se venden tarjetas, y probablemente envío más de las que debería.

Mi favorita de todos los tiempos fue la tarjeta de tamaño exagerado que llevaba un borde grabado que la hacía parecerse a un título accionario y dentro del cual estaban impresas las palabras “Cómo hacer dinero”. Al abrir la tarjeta, se leían sólo tres palabras impresas en una tinta de color naranja brillante:

¡PÓNGASE A TRABAJAR!

En la vida todo tiene su precio y a menos que usted, lector, pertenezca a esa reducida élite que ha tenido todo resuelto desde la cuna, me temo que la única forma en que puede usted pagar las cosas que desea, necesita y con la que sueña es con la compensación que recibe por el trabajo que desempeña.

Aunque está asintiendo con la cabeza, no parece feliz, amigo lector. ¿Está luchando por ganarle la delantera a las cuentas? ¿No está progresando ni creciendo mucho en ese empleo en el cual ya lleva demasiado tiempo sin lograr ningún avance? ¿Le gustaría adquirir una casa nueva pero no le alcanza? ¿Lo mismo con la carcacha que tiene por automóvil?.

La vida de usted parece estar empantanada; ¿cómo salir del atolladero?

Hay una respuesta, una solución, una regla, y apuesto que nunca le ha fallado a quienes la han aplicado realmente. En lo tocante a mejorar el ámbito profesional de su vida, amigo lector, el mayor secreto del éxito nos fue entregado desde la cima de una montaña, hace aproximadamente dos mil años, cuando Jesucristo nos dijo que cuando nos viéramos obligados a recorrer un kilómetro con alguien, deberíamos recorrer el doble siempre.

El Kilómetro adicional. Si, a partir de mañana, se propone usted aportar más en su trabajo de lo que le pagan por hacer, comenzarán a ocurrir milagros en su vida. No importa a qué se dedique usted para ganarse la vida, sea que venda productos, pinte casas, maneje computadoras o barra pisos. Sí cada día hace más de los que le pagan por hacer, en poco tiempo su patrón de vida cambiará para mejorar.

La manera más segura de condenarse uno mismo a una vida de fracaso y lágrimas consiste en hacer únicamente el trabajo por el que le pagan. Claro que aportar más de lo que se espera que uno dé no hará que uno sea muy popular con algunos de sus compañeros de trabajo que parecen dedicados a hacer lo menos posible por lo que les pagan… pero ése es su problema, no el de uno. Usted, lector, viva su vida. Hay personas que dependen de usted.

Cuando usted da más de lo que le pagan por dar, cada día, no sólo se promueve usted mismo, sino que, al ser indispensable, descubrirá, para su sorpresa, que a todo su alrededor hay nuevas oportunidades, y más adelante podrá asignarse su propio precio.

Es una regla muy sencilla. ¡Recorra otro kilómetro! No le costará ni un centavo y, sin embargo, es una regla tan poderosa que, cuando la siga, su vida cambiará para siempre.

Andrew Carnegie dijo que había dos tipos de personas que nunca lograban mucho en la vida.

Una es la persona que no quiere hacer lo que le dicen que haga, y la otra es la persona que sólo hace lo que le dicen que haga. Y cuando se le preguntó a Walter Chrysler qué era lo que más necesitaba su planta, repuso: Diez buenos hombres que no estén atentos al silbatazo ni se la pasen pendientes de la hora en la carátula del reloj.

Hay que sorprender a todos. Cambie sus hábitos de trabajo. ¡Recorra ese kilómetro adicional!.

Esto no significa que sacrifique a su familia ni su salud en una compulsión insana por el éxito, pero es un método maravilloso para que usted extraiga todo lo que la vida puede ofrecer y todo lo que usted se merece. Hay que trabajar como si uno fuera a vivir eternamente, y vivir como si uno fuera a morirse hoy mismo.

¡Recorra otro kilómetro!.

REGLA NUMERO TRES:

Cada vez que se cometa un error o se haya sido abatido por la vida, no hay que quedarse demasiado tiempo pensando en ello. Los errores son la forma en que la vida le enseña a uno. La capacidad de cometer errores ocasionalmente es inseparable de la capacidad de lograr las propias metas.

Nadie gana de todas, todas, y las fallas que se tienen, cuando ocurren, son simplemente parte del propio crecimiento. Hay que sacudirse los errores. ¿Cómo podría uno conocer sus límites sin una falla ocasional?.

Nunca hay que rendirse. Ya llegará el turno de uno.

A lo largo de los siglos ha resonado una de las grandes verdades menos entendida y, sin embargo, sólo los sabios toman en cuenta su consejo. Si se quiere tener éxito, hay que aprender a vivir con el fracaso. El fracaso nos proporciona más sabiduría que el éxito.

Si usted me muestra una persona que nunca ha tropezado, que nunca ha tenido dificultades en su empleo y nunca ha cometido un error, yo le mostraré que es una persona con un futuro muy sombrío.

Los errores, los desaciertos, las derrotas, son inevitables en esta vida rudimentaria pero efectiva; sin embargo, si dejamos que eso nos vuelva miedosos, de tal manera que cuando nos abaten dudamos en volver a intentarlo, nos estamos condenando a una vida de arrepentimiento.

Las mejores lecciones que podemos llegar a aprender provienen de nuestros errores y fracasos.

Derrota. ¿Qué es eso? Nada más, un poco de educación, nada más el primer paso hacia algo mejor.

Las únicas personas que nunca fracasan son quienes nunca, pero nunca, intentan.

En una ocasión, Mark Twain contó la historia de un gato que un día saltó para subirse a una estufa caliente y se quemó la panza. Ese gato nunca más volvió a saltar para subirse a una estufa caliente ¡pero ese mismo gato ¡nunca saltó para subirse a una estufa fría, tampoco!.

Con mucha frecuencia, se sobrestima el valor de la experiencia… y eso puede ser muy dañino si impide que uno vuelva a intentar algo después de haberse lastimado.

Hay un antiguo proverbio escandinavo que es una maravilla: “El viento del norte hizo a los vikingos”. El viento del norte puede hacer maravillas por usted también, amigo lector.

Hay que recordar que hasta las vidas de más éxito contienen capítulos de fracaso, exactamente como ocurre en toda buena novela, pero la forma en que termine el libro depende de nosotros. Somos los autores de nuestros años, y nuestros fracasos y derrotas sólo son pasos hacia algo mejor.

Allá por 1974, cuando Hank Aaron estaba a punto de alcanzar la marca del mayor número de cuadrangulares de todos los tiempos, impuesta por Babe Ruth, una mañana llamé por teléfono a su club de béisbol, los Bravos de Atlanta.

Finalmente me comunicaron con su departamento de relaciones públicas, y planteé mi pregunta:

Sé que Hank lleva setecientos diez cuadrangulares y que sólo necesita cinco más para romper la marca de Ruth, pero me surgió una duda, ¿cuántas abanicadas lleva en su carrera? ¿Abanicadas, dice usted? – me preguntó titubeante al joven que estaba al teléfono. Sí, ¿cuántas abanicadas?

Discúlpeme, pero tendrá que aguardar mientras averiguo ese dato, señor.

Así lo hizo y pasaron varios minutos antes de que regresara al teléfono. – Señor Mandino, hasta anoche, Hank llevaba setecientos diez cuadrangulares y, como usted sabe, sólo necesita cinco más para romper la marca del mayor número de cuadrangulares de todos los tiempos, impuesta por Babe Ruth… Sí, ya sé…

Y en toda su carrera, lleva mil doscientos sesenta y dos abanicadas.

Le di las gracias, colgué y luego me quedé sentado sopesando la cifra que acababa de oír.

Qué gran ejemplo para usarlo en el futuro cada vez que tratara de precisar la idea de no dejar nunca que los fracasos pasados impidan que uno vuelva a intentar. Allí estaba el mejor bateador de cuadrangulares que haya habido… e incluso él, incluso Hank Aaron, ¡tuvo que abanicar casi dos veces por cada batazo que sacaba la pelota del parque! es cierto que la vida es un juego con reglas que deben seguirse para triunfar, pero uno no tiene que batear de cuadrangular cada vez que es su turno al bat para tener éxito en este mundo.

Pregúntele a Hank, amigo lector.

REGLA NUMERO CUATRO:

Uno debe premiar siempre sus largas horas de trabajo y afán de la mejor manera, rodeado de su familia. Hay que alimentar su amor con todo cuidado y recordar que los hijos necesitan modelos, no críticas, y el propio progreso se intensificará cuando uno se esfuerce constantemente por presentar el mejor aspecto de uno mismo a los hijos. e incluso si uno ha fallado en todo lo demás a los ojos del mundo, si se tiene una familia que lo ame, uno es un triunfador.

Frecuentemente se me pregunta sobre mis hijos, actualmente mayores de edad, y cómo los educamos, como si, debido a los libros que he escrito, debiéramos tener una fórmula mágica especial con la garantía de lograr el éxito en todo… incluso en la formación de ciudadanos del mañana brillantes, bien adaptados y felices.

Sin olvidar jamás que el “otro” Og Mandino de hace muchos años perdió a su primera familia por su desconsideración y negligencia, actualmente siempre doy la misma respuesta…

Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es dedicarnos conscientemente a ser modelos de comportamiento para ellos. si uno les enseña una manera y luego actúa de manera contraria a sus palabras, pierde a sus hijos. Aparte de guiarlos con el ejemplo, no es mucho lo que podemos hacer por ellos excepto estar cerca para levantarlos cuando se caigan. No es demasiado pedir ¿verdad?

En la pared frente al escritorio hay un breve poema escrito en caligrafía sobre pergamino blanco y enmarcado. Debajo de las palabras “Autor desconocido”. Pegué, inmediatamente después de que nació, una pequeña foto de Matt. Tal vez al lector le gustaría volver a leer esto en otras ocasiones.

Para cualquier padre que tenga un hijo pequeño Son ojitos dirigidos a ti que te observan noche y día, son orejitas que captan rápidamente todo lo que dices,

son manitas ansiosas por hacer todo lo que haces, y es un niñito que sueña con el día en que se parecerá a ti.

Eres el ídolo del muchachito, el mayor de los sabios, en su pequeña mente nunca surge la menor sospecha sobre ti, cree en ti con devoción, sostiene que todo lo que dices y haces, él lo hará y lo dirá a tu manera, cuando crezca, al igual que tú, nada más.

Es un muchachito de grandes ojos que crees que siempre tienes razón, y sus oídos están siempre atentos y te observa noche y día.

Cada día, en todo lo que haces, sirves de ejemplo para el niñito que espera con ansias crecer para parecerse a ti.

Hace varios años, justo antes de emprender un largo viaje para hacer promoción de uno de mis libros, había vivido la terrible agonía de ayudar a nuestro hijo menor a empacar sus cosas antes de ponerme afuera de la puerta principal, con su madre, y despedirlo cuando se fue en su automóvil a iniciar su propia vida en una residencia estudiantil de la Universidad Estatal de Arizona.

Después de que se marchó, recuerdo que caminé por el pasillo y me senté en su cuarto, a oscuras, orando porque Bette y yo hubiéramos proporcionado a Matt y a Dana, nuestro hijo mayor, la orientación que necesitarían para enfrentar las múltiples adversidades de la vida con que seguramente se toparían.

Mi viaje de promoción iba bien hasta una ocasión en que participé en un programa matutino de charlas de una radiodifusora de Los Ángeles. en este programa en vivo participaba también una novelista muy famosa cuyo nombre me reservo. De alguna manera, la conversación había derivado al tema de nuestras familia, y de nuestros hijos en particular.

Rápidamente, la novelista se apoderó del micrófono y comenzó una larga perorata desagradable en contra de sus dos hijos adolescentes. Admitió que no podía manejarlos, que con el padre no se podía contar porque nunca estaba en casa y que estos muchachos la estaban volviendo loca. Nunca llegaban a tiempo a comer, sus cuartos siempre eran un desorden y siempre ponían sus aparatos de sonido a un volumen tan alto, y en diferentes estaciones, por supuesto, que el ruido también la estaba volviendo loca.

Después de oír tal vez unas doce veces esa fea expresión de “volverse loca”, mientras que esta célebre autora rebajaba a su hijos ante un auditorio bastante grande, finalmente me exasperé y la interrumpí. No puede evitarlo – Sabe usted – le dije, va a llegar el día en que esté usted caminando por el pasillo de su

casa y pase dos cuartos muy vacíos y silenciosos… y entonces se preguntará “¿A dónde se fueron?” ¿Por qué no se va a su casa, en cuanto termine este programa, abraza a sus hijos y simplemente les dice que los ama?

REGLA NUMERO CINCO:

Hay que levantar este día sobre una base de pensamientos agradables. Uno no debe preocuparse nunca por ninguna imperfección que uno tema que pueda impedir su progreso. Hay que recordar, tan seguido como sea necesario que uno es hijo de Dios y que tiene el poder de alcanzar cualquier sueño si eleva sus pensamientos. Es posible velar cuando uno decide que puede hacerlo. No hay que volver a considerarse derrotado. Hay que dejar que lo que el corazón ambiciona sea el proyecto de la propia vida. ¡Hay que sonreír!

Desde el principio de los tiempos, los hombres sabios nos han estado diciendo que todo lo que logramos, o no logramos, es consecuencia directa de lo que esperamos de nuestras capacidades, nuestro valor y nuestro potencial.

James Allen nos dijo que los pensamientos dan buenos frutos y los malos pensamientos dan malos frutos.

Marco Aurelio, ese sabio emperador y filósofo de la antigua Roma, nos dijo que nuestra vida es lo que de ella hacen nuestros pensamientos. Buena o mala. Desdichada o feliz. Triunfante o desesperada.

Buda lo dijo de una manera todavía más enérgica: ‘Todo lo que conocemos es consecuencia de lo que hemos pensado. La mente es todo. Nos convertiremos en lo que pensamos.

No importa como se quiera llamarlo, los pensamientos positivos son productivos, los pensamientos negativos estorban y destruyen.

Si uno les cree a esos hombres tan sabios, sabe que si uno se humilla a sí mismo y menosprecia su talento, está condenado al fracaso. Cuando uno menosprecia su capacidad, sus antecedentes o sus conocimientos, al poco tiempo el mundo estará de acuerdo con esa evaluación y enfrentará un triste futuro que no se merece. ¡Basta! Ya no más actitudes negativas en la manera de pensar o de actuar. Escúcheme bien, amigo lector.

¡Usted simplemente no sabe lo bueno que es! Sí, usted, el que está sentado allí compadeciéndose… se parece usted mucho a un pato que tenemos en nuestro patio.

Cuando Matt estaba apenas en secundaria, una tarde regreso a casa cargando una caja de zapatos con agujeros en la tapa. Lo que más me temía resulto ser cierto cuando removió la tapa. En su interior había un patito amarillo vivaracho y ruidoso. En la clase de biología, mi hijo y sus condiscípulos habían incubado el huevo y cuando el patito rompió el cascarón, lo cuidaron y alimentaron durante varias semanas, luego lo rifaron y mi hijo se ganó el pato – que, coincidimos Bette y yo, era precisamente lo que necesitábamos.

Un padre reacio y un hijo impaciente fueron a la maderería y compraron unos tablones y, allá en una esquina de nuestro patio cercado, Matt construyó para el pato una bonita casa que pintó de blanco. Luego, sobre el arco de la entrada, escribió a mano, en color rojo DISCO.

¡El pato se llamaba Disco! A continuación, en la ferretería compramos un rollo de alambre de gallinero de medio metro de ancho y armamos una especie de corral alrededor de la caseta para que el nuevo miembro de nuestra familia no anduviera vagando por allí y se perdiera.

Actualmente Disco lleva más de doce años con nosotros. Al crecer se convirtió en un ejemplar muy grande y hermoso y, por supuesto, como ahora Matt está casado y vive en otra parte, estoy seguro de que el lector ya se imaginará quién se encarga de cuidar y alimentar al animal.

Uno de los errores que cometimos, dentro de todo este asunto de Disco, fue construir su pequeña residencia y patio de juegos precisamente afuera de nuestra recámara. Últimamente, Disco se ha estado despertando antes de la salida del sol, comienza a graznar y no para, excepto unas cuantas veces, durante todo el santo día.

¡Y vaya que grazna fuerte! como antes nunca había actuado así, excepto para ahuyentar al gato del vecino, tanto Bette como yo concluimos que algo está molestándolo verdaderamente. El caso es que ya no es feliz. Puede ser que la comida que le estoy dando no le guste, o quizá no le cambio con la suficiente frecuencia el agua de su pequeño chapoteador, o tal vez esté húmeda la paja de su caseta y haya que cambiarla o quitarla. ¿Quién sabe? He intentado todo para hacer que se sienta seguro y contento de nuevo, pero sigue graznando áspera y continuamente.

Como puede ver, amigo lector, Disco sí tiene un problema, y le apuesto que es el mimo que tiene usted. ¡Sí usted! Ni Disco ni usted tienen un sentido adecuado de su propia valía Disco no tiene la menor idea de que, si no está contento con las condiciones que hay en su vida, puede hacer más que sólo sentir lástima de sí mismo; tiene el poder de cambiar esas condiciones en vez de quejarse de ellas nada más.

Si realmente Disco quiere cambiar las condiciones de su vida, puede hacerlo en el momento que lo decida. Es sencillo. Todo lo que tiene que hacer es levantar sus bellas alas, moverlas de arriba hacia abajo… e irse. Pero ya ve usted, el pobre Disco no sabe lo bueno que es. No sabe que puede volar… ¡y usted tampoco!

REGLA NUMERO SEIS:

Siempre hay que dejar que las propias acciones hablen por uno, aunque todo el tiempo hay que estar en guardia contra las terribles trampas del falso orgullo y la vanidad que pueden detener el propio avance. La próxima vez que uno se sienta tentado a vanagloriarse, tendría primero que meter la mano en una cubeta llena de agua y, cuando la saque, el agujero que queda hará que uno se dé una idea correcta de la medida de su importancia.

A ninguno de nosotros nos decepciona más otra persona de lo que nos decepcionamos de nosotros mismos. Un obstáculo peligroso para nuestro progreso continuo es la terrible pantalla de orgullo complaciente que es responsable de cegar nuestro avance una vez que hemos experimentado un poco de éxito. Es cierto, es posible que hayamos trabajado muy duro y hayamos dedicado todos nuestros talentos y esfuerzos en avanzar, y esa es realmente la razón por la cual usted y yo estamos juntos; sin embargo, es fácil caer en la trampa de creer, después de unas cuantas victorias, que uno posee algunas cualidades especiales y únicas, y cuando uno refleja esa actitud en su comportamiento con los demás, eso puede dañar seriamente su progreso.

De hecho, nada puede lastimarlo más a uno que la arrogancia y el orgullo que piden que alguien les ponga un alto. Todos somos hijos de Dios, pero si tan sólo pudiéramos ver qué tan poco hueco dejaría nuestra muerte en este mundo, dejaríamos de tomar tan en cuenta el espacio que ocupamos y pensaríamos más en ayudar a los demás.

Constantemente estoy librando mi batalla personal contra la tentación del falso orgullo. Cuando uno escribe un nuevo libro cada dos años, como yo, y luego recorre todo el país para promocionarlo en la prensa, la radio y la televisión, por no mencionar la serie de discursos de inauguración que pronuncio al año, es fácil caer en la trampa de comenzar a creer todas las cosas buenas que se dicen y se escriben en los medios de comunicación – por no mencionar todas las atenciones, las limosinas con chofer y las fiestas par firmar autógrafos con lo cual se le malacostumbra a uno.

Nunca olvidaré el día en que Dios decidió reducirme considerablemente la opinión de mí mismo, algo que indudablemente me merecía en ese tiempo. Estaba en mi habitación del hotel en espera de que llamaran a la puerta como señal de que era el momento para que hiciera mi aparición en el salón de baile allá abajo, donde iba a pronunciar el discurso de inauguración de una gran convención nacional de varios miles. Cuando llegó por fin el mensajero de la compañía, un hombre de edad, me puse el saco y lo seguí por el pasillo hacia el elevador.

Había mucho ruido y gente en el vestíbulo y no habíamos avanzados mucho cuando sentí que alguien me tocaba con decisión el hombro y me volví par ver a un hombre joven con ojos de asombro, con un distintivo con el nombre de su compañía pegado al bolsillo de su saco, que aferraba una bolsa de papel y me apuntaba a la cara con el dedo.

¿Es usted Og Mandino? – me preguntó sin aliento. Asentí con la cabeza y seguí caminando. ¿Me concede un minuto, señor? preguntó el joven mientras se desplazaba hacia una mesita junto a una ventana, lejos del movimiento de la gente. Interrogué con la mirada a mi guía ceñudo, quien finalmente asintió moviendo la cabeza con cierta reticencia. – Señor – me espetó el joven mientras colocaba la bolsa de papel sobre la mesa – quiero que sepa que mi esposa es una fanática de Og Mandino. Le juro que se ha leído todo lo que usted ha escrito. Como en maestra en el pequeño pueblo donde vivimos, no hubo manera de que pudiera venir conmigo y se quedó muy afligida Tenía tantas ganas de escucharlo a usted.

¡Que pena! – Pues bien, señor, pensé que debía hacer algo especial por Louise, y creo que estuve en todas las librería que hay en un radio de ochenta kilómetros alrededor de nuestro pueblo y me las ingenié para conseguir cinco de sus libros en edición empastada. Por favor… se lo suplico… ¿me haría usted el gran honor de autografiar estos libros para mi esposa? Se los quiero dar como regalo de cumpleaños, el jueves próximo.

Con todo gusto – le dije, saqué la pluma del bolsillo interior de mi saco y escribí en los cinco libros, la siguiente dedicatoria: Para Louise, con afecto: Feliz Cumpleaños, Og Mandino.

Cuando hube terminado, el joven volvió a meter cuidadosamente todos los libros en su bolsa de papel, me dio un abrazo nervioso y apresurado, me dio las gracias y se alejó… y a mí se me olvidó mantener la boca cerrada, pero qué bueno que se me haya olvidado.

Ya se había alejado unos tres metros, cuando dirigiéndome a él le grité: – Dígame, ¿esto va a ser una sorpresa para Louise?. Se volvió y con una tímida sonrisa de oreja a oreja, me repuso gritando:

¡Por supuesto que sí, señor, ella está esperando un nuevo Toyota Corolla!

REGLA NUMERO SIETE:

Cada día es un don especial de Dios, y si bien es posible que la vida no siempre sea justa, uno no debe dejar nunca que las penas, las dificultades y las desventajas del momento envenenen la actitud y los planes que uno tiene para sí mismo y su futuro. No se puede ganar si se lleva puesta la fea capa de la autocompasión con toda seguridad ahuyentará cualquier oportunidad de éxito. Nunca más. Hay una mejor manera.

La vida no es justa… y probablemente nunca será así. Habrá ocasiones en que uno hace la mayor parte del trabajo y, sin embargo otro se lleva el crédito. Es posible que uno trabaje el doble de lo que trabaja su vecino, y uno se sabe el doble de listo… y sin embargo, uno sólo gana la mitad de lo que gana el otro.

Hay muchas ocasiones en que la vida nos reparte una mala mano. ¿Cómo juega uno esas malas manos cuando le toca una? ¿Se aferra, se niega a rendirse, aunque no se tenga la garantía de lograr el triunfo… o se lamenta y se compadece de sí mismo porque uno está seguro de que sus dificultades y problemas son mucho más terribles que las desgracias de cualquiera otra persona? ¡Pobre nene!

Hace casi dos décadas, recibí una pequeña tarjeta amarilla con un poema escrito con tinta verde, de parte de Wilton Hall, quien publicaba Quote Magazine en anderson, Carolina del Sur. El poema ha tenido un sitio especial en mi vida a lo largo de todos estos años. Durante mis discursos, no solo lo comparto con todos mis públicos, sino que lo mantengo a mano para mi propio bienestar. Cuando las cosas no están yendo muy de acuerdo con la forma en que las planeé, o los días comienzan con el pie izquierdo, o empiezo a irritarme un poco con los demás y tal vez a sentir lástima de mí mismo, saco mi poema, lo leo y luego prosigo con mi vida, agradecido y sólo hago una pausa suficientemente larga para volver la vista a los cielos y decir: ¡Gracias!

Sí, recárguese en el sillón, amigo lector, y permítame que le dé el gastado original. Es un tesoro, y le apuesto que también usted, al igual que yo, lo releerá con frecuencia en el futuro y lo compartirá igualmente con sus amigos.

¡Señor, perdóname cuando me lamento!

Hoy, en el autobús, vi a una bella muchacha de cabello rubio, la envidié… parecía tan alegre… y deseé ser así de bonita. De pronto, cuando se puso de pie para irse, la vi cojear por el pasillo. Tenía una sola pierna y usaba muleta; sin embargo, al pasar… ¡qué sonrisa! ¡Oh, Dios, perdóname cuando me lamento! Tengo dos piernas.

¡El mundo es mío!

Me detuve a comprar unos dulces. El muchacho que los vendía era tan encantador.

Conversé con él. Se veía tan contento. Si me retrasaba no habría problema. y cuando me iba, me dijo: “Se lo agradezco, ha sido usted muy amable. Es grato conversar con gente como usted. Sabe – dijo –. Soy ciego”. ¡Oh, Dios, perdóname cuando me lamento! Tengo los ojos.

El mundo es mío.

Después al ir caminado por la calle, vi a un niño con los ojos de cielo. Estaba de pie y observaba a otros niños que jugaban. Parecía indeciso. Me detuve un momento y le dije:

“¿Por qué no vas a jugar con ellos, primor?” Siguió viendo hacia enfrente sin decir nada y entonces me di cuenta de que no podía oír. ¡Oh, Dios, perdóname cuando me lamento!

Tengo dos oídos. El mundo es mío.

Con pies que me lleven a donde quiero ir, con ojos para ver los colores del atardecer, con oídos par escuchar lo que quiera saber… ¡Oh, Dios, perdóname cuando me lamento. En realidad soy una afortunada. El mundo es mío.

Autora Anónima

REGLA NUMERO OCHO:

Uno nunca debe llenar sus días ni sus noches con tantas nimiedades y cosas insignificantes como para no tener tiempo de aceptar un verdadero reto cuando éste se presente. Esto es válido tanto para el juego como para el trabajo. Un día meramente sobrevivido no es ocasión de festejo. Uno no está aquí para desperdiciar sus preciosas horas, Cuando tiene la capacidad de lograr tanto si hace una pequeña modificación en su rutina. Ya no hay que ocuparse en nimiedades. Ya no hay que volverle la cara al éxito. Hay que darse tiempo y espacio para crecer. Ahora, ¡Ahora mismo! ¡No mañana!

Es posible que usted, lector, conozca a este tipo de persona. Tal vez hasta sea usted así.

Si es así, me da gusto que haya acudido a mí. Esa persona está siempre ocupada, siempre tiene más proyectos, reuniones y diligencias de los que se pueden manejar, y siempre está en una loca carrera de un lado a otro en un intento – intento, nada más – por adelantarse a los acontecimientos. Lo que este tipo de gente hace constituye un esfuerzo, inconsciente pero muy eficaz, para evitar el éxito. Claro que están ocupadas en cualquiera de esas faenas y tareas insignificantes que pueden encontrar para hacer, de tal manera que si alguna vez se les presenta un verdadero reto, algo que en verdad pudieras significar mucho para sus vidas y su bienestar, les es muy fácil responder siempre que lo lamentan pero están demasiado ocupadas en este preciso momento y no pueden atender otra cosa.

¿Le suena conocido? Espero que usted, amigo lector, no haya estado esforzándose inconscientemente por fracasar manteniéndose “muy ocupado” en cosas que de nada le servirán, aparte de que lo mantengan en ese largo camino trillado. Si le sirve de consuelo, hay muchos que están en esa situación. Sabe usted que se necesita tanta energía para fracasar como la que se necesita para triunfar, y por eso es que tenemos tanta gente activa y ocupada que no logra entender por qué no está ocurriéndole nada en su vida.

En el caso de que usted piense que podría estar en esa categoría, tal vez está usted haciendo lo que hace porque alguien oprimió su “interruptor de eliminación” hace años. Sí, su “interruptor de eliminación”. Hacer años iba a hacer un libro sobre este tema, pero ésta es la primera vez que lo menciono en letras impresas.

Una vez adquirí un convertible muy costoso, y obviamente el vendedor me persuadió de que no debía sacar ese vehículo tan caro a la calle ni estacionarlo en ningún estacionamiento público sin instalarle antes una alarma contra robos que inmediatamente haría sonar una fuerte y penetrante sirena si alguien trataba de abrir por la fuerza mi joya, conectar el encendido y llevarse el convertible. Por su puesto que accedí.

Una mañana, retrasado por una cita, entré como un rayo a la cochera, puse la llave de encendido, la giré… pero no pasó nada. Ni siquiera un quejido. Nada. ¿Estaría totalmente descargado el acumulador? No era creíble. Encendí la radio. Funcionó a todo volumen. Puse una cinta en la grabadora. Ella Fitzgerald en “Mack the Knife”. Excelente fidelidad. Encendí los limpiaparabrisas. Dos chorros de agua saltaron desde aperturas ocultas y los limpiadores se movieron de un lado para otro en perfecta sincronía. Frustrado y molesto, entré a toda prisa en la casa y llamé a mi amigo el vendedor de automóviles.

– Instalamos una alarma en esa joya, ¿ verdad?, Og? ¡Y me costó trescientos dólares!

– Entonces probablemente oprimiste por accidente el “interruptor de eliminación”.

-¿El “interruptor de eliminación”?

– Si, es un aditamento de los sistemas de alarma contra robos más complejos.

¿No te lo explicaron cuando hicieron la instalación?

Cada vez me enfurecía más. – Con toda seguridad recordaría si alguien hubiera hablado de poner un “interruptor de seguridad” en mi automóvil. ¿Qué es y dónde está?

– Es parte del sistema de alarma. Una vez que te bajas del automóvil y lo cierras con llave, pones otra llave en la cerradura que instalaron en el guardafangos y le das vueltas, ¿verdad?

Ese pone en funcionamiento la alarma, de tal manera que si alguien intenta forzar una puerta o rompe una de las ventanas se dispara la alarma.

– Así es.

– Pues bien, el “interruptor de eliminación” es un grado adicional de protección. En algún lado del interior del automóvil, generalmente abajo del tablero o debajo de la alfombra, se instaló otro pequeño interruptor. Si antes de salir del automóvil lo oprimes y luego cierras con llave y pones a funcionar la alarma, estás verdaderamente protegido contra el robo.

Incluso si alguien logra abrirlo y es lo suficientemente tonto como para intentar ponerlo en marcha mientras la alarma está sonando, no lo logrará porque una vez que oprimiste el “interruptor de eliminación”, se corta toda corriente del acumulador al arranque. El automóvil no puede moverse.

Regresé a la cochera, pero no pude localizar mi “interruptor de eliminación”, y en menos de una hora, el vendedor estaba en mi casa. Por supuesto que lo encontró casi inmediatamente, debajo de la alfombra delantera del lado del conductor. Sí, el interruptor estaba oprimido.

Probablemente lo había hecho yo con el pie, por accidente, pero no pude seguir molesto, no conmigo mismo, ya que el incidente me proporcionó una invaluable analogía que se relacionaba con muchos seres humanos que conocía y me ha sido de gran valor cuando trato de convencer a alguien de que está desperdiciando mucho tiempo en un trabajo en el que se “ocupa” mucho pero sin consecuencia para su vida.

Como puede usted ver, realmente mi automóvil actuó de manera bastante normal cuando di vuelta la llave de encendido. Se encendieron las luces, funcionó la radio, los limpiaparabrisas se movieron de un lado a otro. Un automóvil muy pero muy ocupado. Como mucha gente que conozco. Sólo hubo un problema. Esa máquina no pudo moverse ni siquiera un centímetro hacia adelante a pesar de toda su actividad, porque yo había oprimido sin darme cuenta su “interruptor de eliminación”.

Todos tenemos nuestros propios “interruptores de eliminación”. Tal vez cuando éramos pequeños, alguien, incluso uno de los padres u otro adulto a quien respetábamos, o el cónyuge cuando ya éramos mayores, nos haya dicho un día, en un arranque de ira, que nunca valdríamos gran cosa. ¡Zas! ¡Eso bastó! Sin darse cuenta y sin pensarlo, oprimieron nuestro interruptor, y nos hemos pasado todos estos años trabajando muy duro con el fin de que su profecía se cumpliera, sin comprender siquiera la motivación de nuestras acciones.

Claro que estamos “ocupados”, pero al igual que mi convertible, no vamos a ninguna parte.

Y no entendemos por qué. ¡Qué lástima!

Hay que agacharse a desconectar ese “interruptor de eliminación ahora que usted, amigo lector, sabe que tiene uno. Ya no hay que “ocuparse” en cosas sin importancia. Hay que dejar de ocultarse detrás de todas esas tareas intranscendentes. Hay una mejor forma de vivir.

REGLA NUMERO NUEVE:

Hay que vivir este día como si fuera el último de su vida. Hay que recordar que sólo se encontrará la expresión “mañana” en el calendario de los tontos. Hay que olvidar las derrotas del ayer y no tomar en cuenta los problemas del mañana. Eso es todo. El día del Juicio Final. Es todo lo que se tiene. Uno debe hacer de este día el mejor de su año. Las palabras más tristes que uno podría pronunciar son: “Si pudiera volver a vivir mi vida…”

Hay que tomar la batuta ahora. ¡Y dirigir con ella! ¡Este es su día! La mayoría de los fracasados actúan siempre como si les quedaran mil años de vida. ¿Por qué?

Sencillamente porque no tienen la menor confianza de poder manejar los retos de la actualidad. ¿Y cómo evitan el tener alguna vez que poner a prueba su potencial? De cien manera diferentes. Algunos beben demasiado o se dedican en exceso a festejar.

Muchos duermen dos o tres horas más de las que necesitan cada noche. Otros se pasan las horas resolviendo crucigramas o armando rompecabezas, o echados frente al televisor.

“No hay que preocuparse – siempre le aseguran a uno – Todo se resolverá… mañana”.

¿Mañana? Llevo muchos años en este mundo y en todo ese tiempo he visto miles de calendarios, pero nunca… nunca he visto uno con un “mañana” en él.

No hay que tratar el tiempo como si uno tuviera de eso un surtido interminable.

Uno no tiene ningún contrato con la vida. Si el ayer es ya un cheque cancelado, el mañana es sólo un pagaré. Todo lo que uno tiene en efectivo es el hoy, y si uno no lo gasta prudentemente, la culpa es solo de uno. El Padre Tiempo no hace viajes redondos en beneficio nuestro.

Ninguno de nosotros ha aprendido mucho a menos que aprenda a dar a cada día el trato de una vida separada. Los millones de personas afortunadas que se han salvado mediante Alcohólicos Anónimos conocen muy bien el poder de la expresión “un día a la vez”.

En una ocasión, Robert Louis Stevenson escribió: “Cualquiera puede llevar su carga, no importa qué tan pesada sea, hasta el anochecer. Cualquiera puede hacer su trabajo, no importa que tan difícil sea, durante el día. Cualquiera puede vivir una vida dulce, paciente, amorosa y pura hasta la puesta del sol. Y esto es todo lo que la vida significa realmente”.

Independientemente de lo difícil que sea, uno puede manejar la carga de este día, una tarea a la vez, y avanzar en dirección a sus metas. Sólo cuando uno se pasa horas innumerables y plañideras rememorando sus errores pasados, o preocupándose de las cosas terribles que podrían suceder mañana, es cuando uno deja de escurrir este día precioso, que es todo lo que uno tiene.

Hoy es su día, el único día de que dispone, el día en que puede mostrar al mundo que puede hacer una contribución significativa. Tal vez nunca logre entender cuál puede ser el significado de su papel en ese gran todo que es la vida, pero usted sigue estando aquí para desempeñarlo, y ahora es el momento. No importa que tan llenas están las horas, hay que recordar que sólo pueden entrar en la vida de uno en forma de un momento a la vez, únicamente.

Usted puede manejar cualquier momento, no importa qué tan difícil sea, cuando le llega en fila india.

Cuando uno concluye su día, debe darlo por concluido. Nunca debe llevar parte de la carga al día siguiente. Uno hizo lo mejor que pudo y si en ello hubo algunos desaciertos y errores, hay que olvidarlos. Hay que vivir ese día, y todos los días, como si todo fuera a terminar con la puesta del sol, y cuando ponga la cabeza en la almohada, debe descansar con la seguridad de haber hecho lo mejor que pudo.

REGLA NUMERO DIEZ:

A partir de hoy, uno debe tratar a todas las personas que encuentre, sean amigas o enemigas, conocidas o extrañas, como si fueran a morirse a medianoche. No importa qué tan trivial sea el contacto, Hay que brindar a cada persona toda la atención, amabilidad comprensión y afecto que uno pueda mostrar, y hay que hacerlo sin pensar en ninguna recompensa. Su vida nunca volverá a ser igual.

Al igual que las reglas de cualquier juego, todas las reglas de la vida se relacionan entre sí.

Cuando se siguen las indicaciones de una regla, ésta lo llevará a la siguiente y así sucesivamente, pero ahora uno está comenzando a jugar el juego de la vida como debe jugarse. Vivir cada día como si fuera el único que uno va a tener es, de hecho, uno de los principios supremos para una existencia dichosa y con éxito. Sin embargo, he aquí una regla asociada que es exactamente igual de poderosa y productiva pero que, a diferencia de la otra, muy poca gente la conoce.

Mientras se vive cada día como si fuera el único que se va a tener, hay que comenzar a tratar a todos los que encuentre – su familia, vecinos, compañeros de trabajo, los desconocidos, los clientes, incluso los enemigos, si se tienen – como si de cada una de esas personas se conociera un secreto profundo y oscuro: ¡que todos están viviendo también su último día en este mundo y morirán a media noche!.

Ahora bien, amigo lector, ¿cómo se imagina que trataría a todos los que encuentre el día de hoy si supiera que se van a ir para siempre cuando acabe el día?

Usted lo sabe. Con más consideración, atención, ternura y afecto de lo que nunca antes les haya brindado. ¿Y cómo se imagina que reaccionará ante su amabilidad? Por supuesto. Con más consideración, amabilidad, cooperación y afecto de lo que usted haya recibido de otras personas en el pasado. Siga haciendo lo mismo, día tras día, ¿Y cómo se imagina que será su futuro, si lo llenó con ese tipo de amor desinteresado?

Ya está sonriendo. Usted conoce la respuesta, amigo lector.

Hace años, cuando se enviaba a los autores a un recorrido publicitario para hacer la promoción de sus libros en la radio, la televisión y la prensa, lo hacían más por su cuenta, a diferencia de lo que ocurre hoy en día cuando literalmente son llevados de la mano de ciudad en ciudad y de entrevista en entrevista, por representantes de la editorial en cada ciudad.

En esos “viejos tiempos”, nuestros editores nos enviaban por correo boletos de avión más las reservaciones de hotel y un programa de nuestras presentaciones de cada ciudad.

Era entonces responsabilidad del autor trasladarse a los aeropuertos y hoteles y tomar taxis para ir de una entrevista a la siguiente. Si uno tenía siete u ocho compromisos al día, lo cual no era desusado, y las entrevistas se repartían en el tiempo y la distancia, como ocurría en Los Ángeles, se volvía un desafío supero a la propia resistencia y agilidad el simple hecho de llegar a tiempo de una cita a la siguiente.

Este día memorable sucedió en Nashville hace varios años, cuando realizaba un recorrido.

Un joven chofer negro me llevó desde mi hotel hasta la estación de televisión WSM donde me iba a presentar en The Noon Show. Como el viaje tomaba algo de tiempo, comenzamos a conversar, y el conductor, cuyo nombre me lo aprendí, era Raymond Bright, parecía fascinado por el hecho de que su pasajero iba a salir en televisión.

Mi programa impreso tan detallado me informaba que este programa se transmitía en vivo, con público en el estudio, y que tenía un formato muy similar al de The Tonight Show, incluso contaba, con su propia banda y tal vez uno o dos cantantes. Mientras nos aproximábamos al hermoso edificio, mi taxista dejo en voz alta:

¡Esa de allí es la mejor estación del Nashville!

Tal vez se debió a que la regla de tratar a los demás con afecto y atención como si fueran a morir a medianoche, seguía estando fresca en mi mente ya que la había mencionado extensamente en varios programas el día anterior, el hecho es que, cuando le estaba pagando a Ray, le pregunté impulsivamente:

-¿Alguna vez ha visto como se hace un programa de televisión?

– No, señor.

– Pues bien… si dispone usted de una hora o algo así, y está bien que me cobre la espera, ¿por qué no entra conmigo para que me vea hacer el tonto?

Me miró con ojos de asombro: ¿De veras?

– Claro, y luego que termine, me puede llevar al centro, a la librería Cokesbury, donde voy a firmar autógrafos a la una y media.

De un salto, Raymond subió de nuevo en su taxi, levantó la banderilla amarilla de taxímetro, lo que significaba que no me estaba cobrando nada, y volvió a salir.

Dentro de la estación, le presenté mi nuevo amigo a un sorprendido Teddy Bart, el conductor del programa y a Elaine Ganick, la productora, quienes nos condujeron al estudio iluminado donde la banda ya estaba afinando. Ray fue llevado a un asiento en primera fila, y mientras yo salía a ponerme de acuerdo con Teddy y Elaine sobre qué era lo que íbamos a conversar, el taxista veía admirado a la banda que repasaba sus números mientras las cámaras de televisión y los micrófonos pasaban de un lado a otro en un ensayo final.

Cuando terminó el programa, nos fuimos a toda prisa a la librería del centro. Después de esto, le dije a Ray que me estaba muriendo de hambre y me llevó a almorzar a lo que denominó “mi sección de la ciudad”, y aunque yo era el único blanco en ese sitio, las hamburguesas fueron las mejores que he comido. Cuando llegó el momento de pagar, empecé a buscar mi cartera pero un brazo fuerte me lo impidió. Ray iba a pagar, y no había más que decir. Nada de discusión. Me llevó a otros dos programas de radio, me esperó, me llevó de regreso al hotel a recoger mis cosas y luego me transportó al aeropuerto.

En el camino, mientras comenzaba a dormitarme en el asiento trasero, escuché su voz profunda:

– Señor Og (para entonces me llamaba como me habían estado llamado antes los

conductores de los programas de radio)… Señor Og, nunca voy a olvidar este día mientras viva.

– Por qué, Ray?

– Porque hoy, por primera vez en mi vida, me siento importante.

En todo el camino al aeropuerto, una que otra vez veía esos grandes ojos marrón que se me quedaban viendo por el espejo retrovisor y lo oía repetir, una y otra vez:

¡Usted me hizo sentir importante!

En el aeropuerto, Ray saltó del taxi y llevó mis maletas al sitio donde se registra el equipaje.

Luego le pagué y se me acercó y me abrazó – lo que sorprendió a unos cuantos mirones – mientras gruesas lágrimas le corrían por las mejillas.

– Lo amo, señor Og – murmuró.

– Y yo a usted también, Ray – repuse con voz ronca.

Muerto a media noche. Una visión que procede a una nueva forma de tratar a todos los que uno encuentra. Realmente es fácil de hacer y lo que uno recibe en retribución puede cambiar su vida para siempre ¡Inténtelo, amigo lector!

REGLA NUMERO ONCE:

Hay que reírse de sí mismo y de la vida. No con el ánimo de burlarse ni de autocompasión plañidera, sino como un remedio, como un medicamento milagroso, que le mitigará a uno el dolor, le curará la depresión y le ayudará a poner en perspectiva la derrota aparentemente terrible del momento. Uno debe borrar la tensión y las preocupaciones riéndose de sus predicamentos, con lo que liberará su mente para pensar con claridad en la solución que seguramente llegará. Nunca hay que tomarse demasiado en serio.

Los días más desolados son aquellos en que no se ha oído el sonido de la risa. Una buena sonrisa es un rayo de sol en cualquier hogar, así es que no hay que dejar pase un día sin exteriorizar el lado feliz de uno, aunque esté luchando con el caos.

Cada vez que sonríe, y más cuando ríe, se añaden momentos preciosos a la propia vida.

El hombre es la única criatura dotada con el poder de la risa, y tal vez es la única criatura que merece que se rían de ella. Sin embargo, la mejor de las risas es la de aquella persona que tiene suficiente confianza en sí misma. Esto demuestra la rara capacidad de mirarse con objetividad, y si uno puede hacer eso, todas sus preocupaciones se encogerán.

Claro que hay reglas para jugar bien este difícil juego de la vida, pero uno no debe olvidar nunca que se sigue tratando de un juego – un juego que nadie debe tomar jamás demasiado en serio. Si no nos las ingeniamos para extraer un poco de gozo de este día, ¿qué caso tiene? Reírme de mí mismo y, por supuesto, no tomarme demasiado en serio es una regla del juego que debo seguir aprendiendo una y otra vez. Cada vez que comienzo a actuar un tanto demasiado profesional o pomposo o que asumo el papel del “autor famoso”, Dios siempre me preparara para otra merecida caída que me enderece… hasta la próxima vez.

Acababa de estar varios días visitando estaciones de radio y televisión en la zona de Atlanta, y ahora me llevaban en una limosina negra a firmar autógrafos en un centro comercial aproximadamente a dos horas de la ciudad. Mi programa me indicaba que iba a visitar una pequeña estación cristiana de radio donde iba a conversar en vivo con un caballero conocido como “el Reverendo John”.

A su debido tiempo, nos estacionamos frente a una casita de campo cuya pintura blanca comenzaba a descascararse. Mi conductor se volvió y me dijo, casi en tono de disculpa.

– Esta es Señor. La radiodifusora.

Antes de haber subido el último escalón, se abrió la puerta del frente y allí estaba el Reverendo John. Supe que era él porque llevaba un letrero bordado en hilo rojo con ese nombre por encima del bolsillo superior de su atuendo blanco de una pieza.

-¡Bienvenido a nuestra humilde estación, señor! – exclamó mientras me abrazaba – Es un gran honor.

Atravesamos lo que alguna vez probablemente había sido una estancia pero ahora estaba lleno de equipos electrónicos y tableros de discos y cintas. Pude oír salmos mientras el reverendo me conducía a su “estudio” en la parte de atrás.

– Saldremos al aire en sólo unos cuantos minutos – dijo mi anfitrión – Siéntese allí y póngase cómodo.

El reverendo John señalaba con un gesto de la cabeza en dirección a una mesa sin pintura sobre la cual se apoyaba precariamente un micrófono, unido con varios clavos a los tableros.

Me deslicé para sentarme en la tosca banca, y me pregunté si los editores, allá en sus elegantes oficinas de la Quinta Avenida, tenían idea de las cosas por las que tenían que pasar los autores. Luego, para mi gran sorpresa, el Reverendo John se acomodó a mi lado en la banca, y de pronto comprendí que le micrófono que había sobre la mesa era el único y que íbamos a compartirlo. Vaya cambio después de pasarme días entre el brillo y el cristal de las radiodifusoras de Atlanta. Sin embargo, me dije a mí mismo que podía soportar cualquier cosa durante treinta minutos.

En ese viaje estaba promocionando Operación Jesucristo, y a diferencia de tantos entrevistadores, que nunca leen el libro de uno antes de la entrevista, el Reverendo John no sólo lo había leído, sino que había preparado una larga lista de preguntas muy perceptivas, en un cuaderno de notas, a la cual constantemente se refirió una vez que estuvimos en el aire.

Realmente estaba disfrutando nuestra conversación cuando, aproximadamente a la mitad de la entrevista, sonó con fuerza el timbre de un teléfono que había en el otro cuarto. Por supuesto que este “estudio” no estaba insonorizado, como lo está la mayor parte, así es que el fuerte ruido del teléfono, que llegó a mitad de mi respuesta a una de sus preguntas, me descontroló completamente y casi pierdo el hilo de mis pensamientos mientras trataba de recobrar la compostura.

El maldito teléfono siguió sonando y sonando. Finalmente, un molesto Reverendo John echó un vistazo a su cuaderno de notas, me hizo la pregunta siguiente de su lista y luego, ante mis horrorizados ojos, se volvió, pasó las piernas por encima de la banca, se puso de pie y desapareció en el otro cuarto, me imagino que para atender el teléfono. Heme aquí ahora respondiendo ante una banca vacía – y un micrófono funcionando – y hable… muy… muy despacio, demorándome, sin saber qué haría si completaba mi respuesta antes de que mi amigo hubiera regresado.

Finalmente, agoté el tema y el Reverendo John no aparecía por ningún lado. Y entonces, por primera vez en mi vida, se me ocurrió una brillante idea. Estiré el brazo y acerqué su cuaderno de notas, lo puse frente a mí, y recorrí con el dedo su lista de preguntas, encontré la que seguía y dije: “Reverendo John, me imagino que usted se ha de preguntar de dónde saqué la idea de Operación Jesucristo.

…Y durante los siguientes catorce minutos, !me entrevisté yo sólo!

Finalmente, sentí que alguien me tocaba el hombro. Estaba tan concentrado en mi doble papel de entrevistador y entrevistado, que ni siquiera me di cuenta de que mi anfitrión había regresado. Señalo el enorme reloj que había en la pared, se inclinó y dijo frente a nuestro micrófono: Señor Mandino, fue un gran honor tenerlo con nosotros el día de hoy. Le deseo un gran éxito con este libro maravilloso y que viaje seguro durante el resto de su recorrido. ¡Dios lo bendiga!

Al decir eso, oprimió un botón y el himno “Never My God to Thee” se difundió pro las ondas hertzianas, mientras que yo me incorporaba secándome la frente. Fue entonces cuando recordé, una vez más, esa regla tan importante de la vida que nos dice que hay que reírnos de nosotros mismos. El Reverendo John me mostraba una tarjeta y se veía complacido.

– Señor Mandino, siento haber tenido que hacerle pasar ese apuro, aunque se las arregló usted con gran maestría. La llamada era de mi madre de ochenta y dos años que vive en San Diego, y la última vez que hablamos me prometió que la siguiente vez que me llamara me daría nuestra vieja receta familiar par preparar el pan de zanahoria.

Hay que reírse del mundo. Y lo más importante, hay que reírse de uno mismo. Si en la farmacia de su preferencia se vendiera la risa, el doctor familiar le recetaría algo de risa al día. Es una forma mucho mejor de vivir.

REGLA NUMERO DOCE:

Nunca deben descuidarse los detalles, ni escatimarse ese esfuerzo adicional, esos cuantos minutos de más, esa palabra suave de alabanza o agradecimiento, esa entrega de lo mejor que uno puede hacer. No importa lo que los demás piensen, pero sí es de primordial importancia lo que uno piensa de sí mismo. Usted nunca podrá hacer lo mejor, que debería ser siempre su rasgo distintivo, si está tomando atajos y evadiendo responsabilidades. Usted es alguien especial. Debe actuar como tal. ¡Nunca deben descuidarse los detalles!

Maestro, estudiante obrero de una fábrica, vendedor, administrador, padre de familia, entrenador, atleta, conductor de taxi, elevadorista, médico, abogado – no importa qué retos se acepten en esta vida, qué tareas deban desempeñarse para ganarse el pan de cada día… nunca deben descuidarse los detalles.

En efecto, estamos viviendo en una era que parece ir más rápido que la velocidad de la luz, y en nuestro mundo apresurado es fácil caer en el hábito de tomar atajos, de pasar por alto algunas de nuestras obligaciones, cuando pensamos que nos puede resultar. Olvidamos las lecciones de la historia y las advertencias de los hombres sabios. Descuidar los detalles, en cualquier cosa que uno esté haciendo, puede resultar desastroso.

Edison perdió una valiosa patente porque inadvertidamente colocó mal un solo punto decimal. Roberto de Vicenzo perdió un Torneo Maestro porque firmó, sin tomarse el tiempo de verificarla, su tarjeta de puntos en la que había un puntaje incorrecto. Y estoy seguro que usted, lector, alguna vez recibió el adagio de Benjamín Franklin: “Por falta de un clavo, la herradura se perdió, y por falta de un jinete la guerra se perdió”.

Evidentemente, el sueño de todos es encontrar algo que hacer en este mundo, un trabajo que le guste tanto a uno que estaría dispuesto a hacerlo gratis.

Desafortunadamente, esto no le sucede a muchos y por eso la mayoría de nosotros aburriéndose cada vez más de su tarea en la vida, gradualmente deja de hacer su mejor esfuerzo y realiza un trabajo chapucero cada vez que se puede. Por no mencionar lo que esta manera de vivir le hará a la imagen que uno tiene de sí mismo, los detalles pasados por alto o manejados sin cuidado, a menudo pueden provocar problemas mayores que con toda seguridad impedirán que uno avance. Somos una creación de Dios. Nunca hay que dejar que nada de lo que surge de uno, actos, objetos, esfuerzo o amabilidad, sea menos de lo mejor que uno puede dar. Sólo los fracasados y los mediocres descuidan los detalles.

Un ejemplo muy bueno de esta verdad tan sencilla pero poderosa, de esta residente regla de la vida, se yergue en lo alto de la Isla de la Libertad en la bahía de Nueva York. Si alguna vez va usted, amigo lector, a la ciudad de Nueva York y dispone de unas cuantas horas para disfrutarlas, le recomiendo que realice uno de los varios viajes en helicóptero que salen del pie de la calle Treinta y Cuatro Este en East River. Cuando llegue finalmente a la hermosa Estatua de la Libertad que se levanta orgullosa en medio de la bahía, le pido que preste especial atención.

La mole de cobre con estructura de acero de la Dama Libertad destaca más de noventa metros sobre el nivel del mar. Mientras un helicóptero da vueltas cada vez más cerca, le recomiendo que mire la parte superior de la cabeza de la estatua para que observe cada mechón de cabello se elaboró esmeradamente hasta el mínimo detalle y, al igual que todas las demás partes de su bata y de su cuerpo. Ese delicado peinado metálico en la parte superior de la cabeza indudablemente requirió de muchas semanas adicionales en el taller parisino de Auguste Bartholdi, semanas que el gran escultor podía haberse ahorrado pues, hasta donde podía saber, nadie vería nunca la parte superior de la cabeza de la estatua.

La estatua fue inaugurada el 28 de octubre de 1886 por el presidente Grover Cleveland. ¡En 1886 no había aeroplanos! ¡Los hermanos Wrigh ni siquiera lograron su primer despegue primitivo del suelo en Kitty Hawk sino diecisiete años más tarde! Bartholdi estaba bien consciente de que sólo unas cuantas gaviotas valientes podrían alguna vez mirar a la estatua desde arriba, y con toda seguridad nadie hubiera sabido nunca si los mechones de pelo no habían sido modelados y pulidos meticulosamente.

Sin embargo, el maestro artesano no tomó ningún atajo. ¡Cada mechón de cabello, cada rizo, está en su sitio!

REGLA NUMERO TRECE:

Hay que recibir cada mañana con una sonrisa. Uno debe considerar el nuevo día como otro regalo especial de su Creador, otra oportunidad dorada para completar lo que uno no pudo concluir ayer. Hay que motivarse uno mismo. Hay que dejar que la primera hora establezca el tema del éxito y la acción positiva que con toda seguridad resonará durante todo el día. El día de hoy nunca volverá a ocurrir. No hay que desperdiciarlo con un inicio falso o completamente nulo. Usted no nació para fallar.

Uno debe ser automotivador. Debe recibir el amanecer de cada nuevo día con una sonrisa de gratitud al Creador por otra oportunidad de mejorar lo que se hizo ayer. Somos tantos los que abandonamos agachados y temerosos nuestro lugar de descanso con miedo a lo que cada día pueda traernos, sin darnos cuenta nunca de que la forma en que actuemos durante esas primeras horas marcará su huella durante todo el día, y nos prepara para mañana y todos los mañanas que vienen a continuación.

Que terrible es despertar y enfrentar un día tan desolado, doloroso y aburrido que todo lo que podemos esperar es el sueño misericordioso que nos aguarda después de la puesta del sol.

Hay una mejor manera de vivir. Enfrentar cada mañana con un brillo de esperanza en los ojos, recibir el día con reverencia por las oportunidades que contiene, saludar a todos los que uno encuentre con risas y afecto, ser bueno, amable y cortés con amigos y enemigos, y disfrutar la satisfacción de un trabajo bien hecho durante horas preciosas que nunca regresarán – ésta es la forma de que uno deje su huella.

Sobre todo, hay que recibir la mañana con una sonrisa. ¿Verdad que es fácil? ahora bien, si este sencillo acto representa un problema para usted, amigo lector, si se despierta y siente que no tiene nada por qué sonreír, no se desespere. A todos nos pasa. Hay muchos días en que hasta los individuos más positivos preferirían permanecer en la soledad de sus cuartos en vez de enfrentar un mundo que a veces puede ser hostil y desatento. Todos tenemos días “deprimentes” incluso los personajes mundiales más poderosos, las grandes estrellas de los deportes y los presidentes de las grandes corporaciones. Una que otra vez, todo el mundo despierta con la sensación de que más le convendría esconder la cabeza debajo de la mullida almohada, en vez de avanzar a paso de tortuga por los embotellamientos o hacer esa primera visita de ventas o verle la cara a ese jefe desagradable.

Ahora bien, la próxima vez que despierte usted, lector, sintiéndose muy mal por toda la irritación y la escasa recompensa que le espera, he aquí la receta perfecta que lo enviará al mundo con una actitud tan positiva que no podrá dejar de tener un gran día. Este sencillo truco, o técnica, o como lo quiera llamar, nunca ha fallado, no le costará ni un centavo y sin embargo, hará más por usted que su jugo de tocino, café o cualquier cinta de motivación que laguna vez se haya grabado – lo enviará al mundo con una actitud positiva, poderosa, productiva y.. agradecida.

Todo lo que tiene usted que hacer para que le brille el sol y le suene la música cada vez que se despierte sintiendo lástima de usted mismo es simplemente tomar el periódico matutino.

Nunca mire la primera página en las primeras horas de la mañana, a menos que realmente quisiera arrastrarse hasta el sótano para esconderse. En vez de esto, abra el diario en la sección de… ¡obituarios!

En esa sección, amigo lector, encontrará una larga lista de nombres de personas que se sentirían absolutamente encantadas de cambiar de lugar con usted, ¡incluso con todas sus irritaciones, dudas, temores y problemas! Le recomiendo que lo intente cada vez que se sienta deprimido en la mañana. Me lo agradecerá.

¿Ahora sí escucha el canto de los pájaros?

REGLA NUMERO CATORCE:

Uno logrará su gran sueño, un día a la vez, así es que hay que fijar metas para cada día – no proyectos largos y difíciles, sino tareas que lo llevarán a uno, paso a paso, hacia su arcoiris. Debe anotarlas, si así le parece, pero hay que limitar la lista de manera que no se tengan que arrastrar las cuestiones inconclusas de hoy hacia el mañana. Hay que recordar que uno no puede construir su pirámide en veinticuatro horas. Hay que ser paciente.

Nunca debe dejar que su día esté tan lleno de actividades que se descuide la meta más importante – hacer lo mejor que pueda, disfrutar este día y mantenerse satisfecho con lo que ha logrado.

Fijar metas es fácil. Al igual que ocurre con las resoluciones de Año Nuevo, cualquiera de nosotros puede hacer una larga lista de las cosas que espera lograr en el futuro…. pero luego seguimos viviendo exactamente como el pasado.

Abordemos una vez más ese proyecto elusivo pero necesario, y permítame que le ayude, amigo lector. Primero, una advertencia. Cualquier meta que lo obligue a trabajar día tras día y año tras año, durante tanto tiempo y con tanto esfuerzo que nunca tenga tiempo para usted mismo ni para sus seres queridos, no es una meta sino una condena… una condena a toda una vida de infelicidad, no importa cuánta riqueza y éxito logre.

A menudo se nos dice que la “ida es un viaje” Los supuestos expertos en la motivación utilizan la expresión incesantemente, las solapas de los libros la proclaman y uno la puede oír en una gran cantidad de cintas: “la vida es un viaje” Suena tan elocuente que debería ser cierta. Esta gran sabiduría debería ir compañada, por lo menos, de música de órgano.

Lo que esa expresión boba nos está diciendo es que uno debe combatir, luchar y trabajar horas interminables para alcanzar la primera meseta del éxito. Pero, un momento, eso no es suficiente. La vida es un viaje. Así que tome aliento, pídale a sus seres queridos que se hagan a un lado y continúe afanándose y luchando, días y noches, hasta que en algún momento llegue a su segunda meseta. ¡Fabuloso! ¿Que si ahora puede descansar? ¡Qué lástima! Es un viaje, amigo mío, así que tome alimento y siga luchando y sudando y agonizando hasta que llegue a la siguiente meseta y luego a la siguiente.

Y luego, un día…

Tolstoi, el brillante novelista ruso, no dejó una valiosa alegoría sobre cómo el hombre siempre ha fracasado en la consecución de metas que tienen muy poca relación con nuestra felicidad y con el disfrute del breve lapso que pasamos en la tierra. Un campesino de nombre Pakhom está seguro de que tendrá un gran éxito cuando finalmente tenga un terreno tan grande como los terrenos que no tienen las vastas propiedades de la élite de la nobleza rusa.

Esa es una meta. Llega el día en que le hacen una oferta sorprendente – se le concederá, sin costo, todo el terreno que él mismo pueda rodear corriendo desde el amanecer hasta el ocaso.

Pakhom vende todo lo que tiene con el fin de trasladarse al lejano lugar donde se le hizo esta oferta. Después de muchas penalidades, llega allá y se pone de acuerdo para aprovechar su gran oportunidad al día siguiente.

Al amanecer, Pakhom comienza a correr a una velocidad vertiginosa. Pasa corriendo bajo el brillante sol matinal, con la meta fija ante los ojos, sigue corriendo bajo el intenso calor, sin ver a diestra o siniestra. Todo el día continúa al mismo ritmo, sin detenerse si a comer, ni a tomar agua, ni a descansar; su propiedad aumenta a cada zancada. Finalmente cuando el sol se pone más allá del páramo y las sombras envuelven la tierra, Pakhom avanza titubeante hacia la meta. ¡Victoria! Logró su objetivo. ¡Éxito!

Y entonces… al dar su último paso, Pakhom cae muerto de agotamiento. Toda la tierra que ahora necesita… son dos metros.

El éxito no es un viaje. Este día, al igual que todos los demás, es un don especial de Dios.

Uno debe fijarse metas de modo que cumpla su potencial para el día, incluso corriendo ese kilómetro adicional, pero hay que dejar que algunas de esas metas le den a uno gozo, sonrisas y paz. Y uno debe planear esas metas diarias de tal manera que no sean sino pasos a lo largo del camino hacia los grandes sueños que uno guarda secretamente en su corazón.

Hay que darse todas las oportunidades de triunfar, y si se fracasa, que haya sido después de intentar el triunfo.

Habría que escuchar a Séneca, ese sabio de la Antigua Roma: “La verdadera felicidad consiste en disfrutar del presente, sin depender ansiosamente del futuro, sin entretenernos ni en esperanzas ni en temores, sino descansando satisfechos de lo que tenemos, lo cual es suficiente, pues quien es feliz no desea nada. Las grandes bendiciones de la humanidad están dentro de nosotros y a nuestro alcance. El sabio se contenta con su suerte, sea cual sea, sin desear lo que no tiene”.

A pesar de una larga e ilustre carrera, recompensada tanto con reconocimiento del público como con bienes materiales, un gran cómico estadounidense admitió recientemente en una entrevista que nunca se había sentido seguro de su éxito. Dijo:

Tengo la sensación, a veces, de que una mañana voy a despertarme y todo se habrá ido. Alguien va a decir: “Esto es todo, muchacho, se acabó todo par ti”. Y así, aunque tiene mas de sesenta años, este hombre tan talentoso como Pakhom, hace interminables apariciones en teatros, centros nocturnos, en películas y en televisión.

Sus seguidores están encantados de que lo haga, pero yo desearía que también se detuviera a aspirar el perfume de esas rosas una que otra vez, antes de que todos los pétalos se caigan.

Todos estamos atrapados en el remolino del cambio, como nos lo advirtió Schopenhauer, donde la persona, si quiere por lo menos mantenerse erguida, debe siempre avanzar y moverse, como un acróbata en la cuerda floja. Hay una mejor manera de vivir.

REGLA NUMERO QUINCE:

Uno no debe permitir nunca que nadie le eche a perder su desfile y de esa manera arroje una sombra de tristeza y derrota en todo el día. Hay que recordar que no se requiere nada de talento, ni abnegación, ni inteligencia, ni carácter, para estar en el equipo de los que encuentran fallas. Nada externo puede tener poder sobre una a menos que uno lo permita. El tiempo es demasiado precioso para sacrificarlo en días desperdiciados combatiendo las fuerzas rastreras del odio, los celos y la envidia.

Usted debe proteger cuidadosamente su frágil vida. Únicamente Dios puede crear la forma de una flor, pero cualquier niño puede hacerla pedazos.

La vida, según nos dijo Montaigne, es algo tierno que puede lastimarse con facilidad.

Siempre hay algo que puede marchar mal. A menudo, los contratiempos más ligeros y pequeños son los más inquietantes y, al igual que las letras pequeñas son las que más nos cansan los ojos, estas pequeñas vejaciones son las que más nos perturban y ensombrecen nuestro día, si lo permitimos.

Los humanos somos animales extremadamente frágiles. Podemos despertar con una canción en los labios y una gozosa anticipación de las horas por venir en nuestros corazones, y luego permitimos que palabra severas de otro humano o el embotellamiento del tránsito, o el derrame de una taza de café nos arruinen todo el día.

Uno no debe permitir nunca que nadie, ni nada, le arruine su desfile. Siempre habrá detractores, críticos o cínicos que sienten envidia de uno, de sus habilidades, de su trabajo y de su manera de vivir. No hay que tomarlos en cuenta. Son como una campana en un paso elevado, que tañe con durezas y en vano mientras pasa rugiendo el tren. Las horas y los días de uno son demasiado valiosos para molestarse con este grupo de envidiosos que nunca ven una buena cualidad en ningún ser humano pero que nunca dejan de ver una mala cualidad.

Son búhos humanos, vigilantes en la oscuridad y ciegos en la luz, al acecho de sabandijas pero incapaces de ver una buena presa. Nadie puede nunca distraernos de ser felices o hacer lo mejor que podemos hacer… a menos que le demos permiso para ello. Hay que recordar que quien puede reprimir una ira momentánea puede impedir todo un día de tristeza.

Las pequeñas aventuras y los comentarios hirientes de cada día, si se les toma mucho en cuenta y se les magnifica, pueden hacerle un gran daño a uno, pero si uno los pasa por alto y los saca de su mente, gradualmente pierden toda su fuerza. Los detractores están en todas partes. Hay que recordar que la envidia, al igual que el gusano, siempre se siente atraída por la mejor manzana. Franklin dijo una vez que quienes se desesperan por alcanzar la distinción con sus propios esfuerzos, se sienten felices cuando es posible rebajar a otros a su nivel.

Uno no puede progresar en la vida si vive como ermitaño, así es que hay que entrar en contacto con el mundo y su desfile de desventuras y críticas, pero sin permitir nunca que le echen a perder su desfile. Hay que alejarse de los envidiosos.

Nunca debe responderse a su envidia y veneno con la misma moneda. Debe tenerse presente que incitar el fuego para el enemigo equivale a quemar toda la casa para deshacerse de una rata. No hay que rebajarse nunca a su nivel.

Boooker T. Washington, quien se elevó desde la situación degradante y desesperada de la esclavitud, nos dio a todos una lección especial sobre cómo vivir una vida mejor cuando escribió: “No permitiré que nadie rebaje mi alma haciéndome odiarlo”. Piense usted, amigo lector, en estas palabras la próxima vez que alguien trate de rebajarlo hasta su nivel.

Nada externo puede tener poder sobre mí. Deje que este sea su lema, al igual que fue el de Walt Whitman, y con él se mantendrá tranquilo a lo largo de cualquier día.

Hace muchos años, un domingo muy temprano, estaba sentado en una cafetería tejana precisamente en las afueras de El Paso; disfrutaba mi desayuno y también me divertía con una camarera vivaz animada de rubia cabellera que sonreía y bromeaba con todos los clientes mientras corría de mesa en mesa con las órdenes. Era alguien que evidentemente disfrutaba su trabajo y su vida, y su actitud era contagiosa. Esa mañana, todos nos sentimos un poco mejor gracias a ella. Mientras me tomaba mi segunda taza de café, pensando en el largo viaje que me esperaba, un hombre de edad con un portafolios abultado se dejó caer en el siguiente banquillo, echó un rápido vistazo a la carta e hizo señas a nuestra pequeña camarera. Ella se le acercó contoneándose, le lanzó su mejor sonrisa tejana y le dijo:

– Lindo día, ¿verdad?

El viejo caballero torció la boca y le contestó con un gruñido:

– ¿Qué tiene de lindo?

La sonrisa de la bella rubia no se inmutó:

– Vaya, señor, nada más intente perderse algo de un día como éste, ¡y ya verá!

Uno controla su vida. Si alguien le echa a perder su desfile y le arruina el día, es únicamente porque uno lo permitió. Nunca más, ¿de acuerdo?

REGLA NUMERO DIECISÉIS:

Hay que buscar la semilla del bien en todas las adversidades. Cuando uno domina ese principio, posee un valioso escudo que lo protegerá bien a través de todos los oscuros valles por donde tenga que pasar. Es posible ver las estrellas desde el fondo de un pozo profundo, en tanto que no pueden distinguirse desde la cima de una montaña. De la misma manera, usted aprenderá de la adversidad cosas que uno no habría descubierto jamás sin dificultades. Siempre hay una semilla del bien. Uno debe encontrarla para prosperar.

Aproximadamente un año después de que me ascendieran a la presidencia de la revista Éxito Ilimitado de W. Clement Stone, y con la ayuda de los comerciales de Paul Harvey por la radio de todo el país, nuestra circulación estaba alcanzando alturas inexploradas en la gráfica de ventas que había en mi oficina. Y entonces cometí un terrible error de apreciación, error que con toda seguridad no sólo iba a retrasar nuestro progreso, sino que le costaría una fortuna a la compañía.

Apenas me di cuenta de los que había hecho, telefoneé a W. Clement Stone y le solicité una entrevista, durante la cual cuidadosamente le relaté, sin quitar ni poner nada, cómo me las había ingeniado para enredar las cosas. Stone escuchó atentamente mis palabras, sólo me interrumpió unas cuantas veces para aclarar determinados hechos, y al terminar, me quedé sentado allí nada más, con la sensación de haberle fallado y en espera de que cayera la cuchilla. Estaba seguro de que mi carrera como editor había terminado.

Stone seguía viendo el techo, chupó varias veces el humo de su largo habano antes de volverse por fin hacia mí, sonriente, para decirme: ¡Magnífico, Og!

¿Magnífico? ¿Se habría vuelto loco? Le acababa de hacer gastar una pequeña fortuna y a la vez le había puesto en entredicho su querida revista, y me estaba diciendo que magnífico. No dije nada, probablemente porque estaba en un estado de conmoción parcial. Luego Stone se inclinó hacia adelante, me tocó el brazo y me dijo suavemente: “Realmente es magnifico,. Og. Deja que te explique por qué”.

A continuación, el gran hombre se puso a enseñarme una regla para vivir que me ha sido invaluable durante más de un cuarto de siglo. Con todo cuidado me explicó que aunque se daba cuenta de que lo que había ocurrido a la revista era una adversidad terrible, estaba seguro de que, si considerábamos largo y tendido nuestro problema, podríamos encontrar una semilla de bien en toda esa dificultad, una semilla que podríamos utilizar en nuestro provecho. Me recordó que cada vez que Dios cerraba una puerta, siempre se abría otra, y durante varias de las horas siguientes examinamos nuestro problema desde todos los ángulos posibles. Finalmente, mientras yo anotaba página tras página, ideamos un plan que no sólo sirvió para recuperar nuestra cuantiosa pérdida, sino que agregó mucho a nuestros ingresos por publicidad durante muchos años. Esas horas especiales constituyeron la mayor experiencia de aprendizaje en mi vida.

Uno debe sembrar siempre la semilla del bien, en cualquier adversidad. No hay una regla para vivir que sea más exigente que ésta, pero, una vez que uno ha aprendido a reaccionar ante cualquier problema con la palabra “Magnífico” y luego se toma el tiempo para descubrir qué podría haber de bueno en el serio problema que uno tiene, se sorprenderá al ver con cuánta frecuencia se puede cambiar una derrota segura en una victoria.

Samuel Smiles, autor del primer libro sobre el éxito intitulado Autoayuda a finales del siglo XIX, dijo que siempre aprendemos más de nuestros fracasos que de nuestros éxitos. Con frecuencia descubrimos lo que sí funciona al descubrir lo que no funciona, y quien nunca haya cometido un error nunca ha experimentado la emoción de hacer que una pérdida aparente se vuelva un triunfo.

El principio de transformar los debes en haberes es tan antiguo como el hombre. Por ejemplo los amigos de Santa Claus, los esquimales, que se las han arreglado para sobrevivir durante milenios extrayendo la semilla del bien de su mayor adversidad; convierten las únicas materias primas de que disponen, el hielo y la nieve, en iglúes para guarecerse del frío. Un viejo amigo con quien juego al golf dice que la verdadera prueba da la vida, al igual que ocurre en el golf, no es el hecho caer en las trampas, sino el poder salir de ellas, como cuando la pelota ha caído entre pasto muy crecido.

En los juegos y en la vida, quienes han aprendido a enfrentar la adversidad son quienes ganan los campeonatos.

REGLA NUMERO DIECISIETE:

Uno debe darse cuenta que la verdadera felicidad radica dentro de uno mínimo. No hay que desperdiciar tiempo ni esfuerzo en buscar la paz, la alegría y el gozo en el mundo externo. Hay que tener presente que no hay felicidad en tener u obtener, sino únicamente en dar. Hay que dar. Compartir. Sonreír. La felicidad es un perfume que no se puede escanciar en los demás sin que unas cuantas gotas caigan en uno mismo.

Nathaniel Hawthorne nos advirtió, hace mucho, que era mucho más fácil atrapar una mariposa que el sentimiento esquivo llamado felicidad. Según escribió, la felicidad, cuando se presenta en este mundo, ocurre incidentalmente. Si hacemos de ella el objeto de nuestra búsqueda, eso nos llevará a una persecución infructuosa y nunca la alcanzaremos. Sin embargo, como Aristóteles declaró ante el mundo: “La felicidad constituye el significado y el propósito de la vida, el único objetivo y fin de la existencia humana”.

Veamos por ejemplo las hordas que todas las noches se reúnen en las ciudades n busca de unas cuantas horas de felicidad. ¿Cuántos millones de dólares anuales gastamos en adquirir placer de todo tipo? ¿Funciona? ¿Somos felices? recientemente llevé a cabo un experimento que había estado diciendo que haría durante años. Una tarde soleada, me instalé en una esquina de la calle Cincuenta y Cuatro y de la Quinta Avenida en la ciudad de Nueva York y me puse a observar a las siguientes doscientas personas que pasaron frente a mí en dirección al sur. De acuerdo con mi expectativa, menos de diez iban sonrientes, o por lo menos que parecieran felices. ¿Por qué? Si la felicidad es una condición normal, como la buena salud, ¿por qué no somos más los que la disfrutamos? Probablemente no lo estamos disfrutando porque ni siquiera estamos seguros de saber que es. La mayoría de nosotros supone que si se tiene una gran riqueza o un gran poder, deberíamos ser felices con toda seguridad; sin embargo, conozco a muchos millonarios que son muy atormentados y solitarios.

Hace poco, en un fascinante crucero por el Canal de Panamá en el Royal Princess, me quedé sorprendido de ver cuán pocas caras felices había a bordo de este elegante trasatlántico de lujo, Ser mimado, atendido y malacostumbrado parecía no significar nada para la mayoría de los pasajeros. No debería haberme sorprendido.

Si los ingredientes de la felicidad no están dentro de la persona, ningún logro material, ninguna diversión ni ninguna tarjeta de crédito “Dorada” puede hacer sonreír a esa persona.

Thoreau, mi viejo amigo, tenía mucho que podía decir al respecto, entre otras cosas: “Estoy convencido, a partir de la experiencia, de que permanecer en este mundo no es un trabajo arduo sino una diversión cuando vivimos con sencillez y sabiduría. La mayor parte de los lujos, y muchas de las así llamadas comodidades de la vida, no solo son completamente prescindibles, sino verdaderos, obstáculos para la elevación de la humanidad” ¿Recuerda usted, amigo lector, al Caballero Blanco de A través del espejo de Lewis Carroll?

Cuando Alicia lo conoció, el tipo iba cargado de lujos – una colmena para atrapar las abejas que pudieran acercársele, una trampa para protegerse de los roedores, brazaletes alrededor de las patas de su caballo para protegerlo de las mordidas de tiburones, e incluso un plato en anticipación del budín de ciruela que algún alma caritativa le podría ofrecer. Cargado de estos adminículos, el caballero es un símbolo perfecto de quienes buscan la felicidad juntando dinero, objetos y bienes raíces.

¿La felicidad… es una mariposa? Tal vez no. “Muy poco se necesita para hacer una vida feliz”, escribió Marco Aurelio, “todo se halla dentro de uno mismo, en su manera de pensar”.

Uno buscará la felicidad eterna y fracasará, a menos que la busque dentro de sí mismo, en su corazón y en su alma, y luego comparta lo que posee sin pensar en ninguna recompensa. Hay que oír lo que dice George Eliot: “Es sólo un tipo empobrecido de felicidad el que podría derivarse de una preocupación muy grande por nuestros propios placeres estrechos. Sólo podemos tener la felicidad mayor como la que acompaña a la verdadera grandeza, si tenemos una gran consideración y muchos sentimientos hacia el resto del mundo, así como los tenemos hacia nosotros mismos. Este tipo especial de felicidad a menudo trae consigo tanto dolor que sólo podemos diferenciarlo del dolor porque es lo que elegiríamos sobre todo lo demás, porque nuestras almas ven que eso es bueno”.

Es bueno tener dinero y las cosas que el dinero puede comprar, pero también es bueno ponerse una que otra vez a reflexionar para estar seguro de no haber perdido las cosas que el dinero no puede comprar. Hay que comunicarse con los demás. La felicidad no es sino el producto secundario de la manera en que uno trata a sus semejantes. Ahora es el momento de ser feliz. Aquí es el lugar para ser feliz. Hay que aprender y comenzar a vivir según las reglas que se le han entregado a usted, reglas que se le han entregado a usted, reglas que se le presentaron con mucho amor, y compartir su mensaje con otros que piden su apoyo. Sólo entonces aparecerá la mariposa y se posará ligeramente en su hombro mientras suena la cajita de música.

Nunca hubo, ni habrá una mejor manera de vivir.

Og. Mandino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Amor a Distancia

5 Consejos para lograr que una relación supere la distancia. 

 

Cuando el amor tiene la complicada tarea de superar la distancia,  una distancia ocasionada quizás por un compromiso laboral. Amar a distancia puede ser una de las experiencias más duras y complicadas. Los kilómetros que nos separan se convierten nuestro peor enemigo en esas situaciones. Pero es importante tener en cuenta que aunque la lejanía nos separe, el amor siempre puede prosperar. Acá les dejamos una serie de concejos que les ayudaran.

  1. Fijar una fecha aproximada para el reencuentro. 

    Si sabemos que la separación tiene un final, hace que cobre sentido la espera.

  2. Utiliza las redes sociales para comunicarte

    Utiliza todas las posibilidades que nos brinda la tecnología. Compartir a través de las redes sociales conversaciones, fotos y videos, que harán mas llevadera la espera.

  3. Trata de controlar los celos

    Los celos son muy peligrosos y pueden amenazar a tu relación. Los celos son comúnmente falta de confianza y entendimiento. Muy a menudo revela inseguridades y malas experiencias de otras relaciones. Acuérdate que no puedes controlar a tu pareja y solo debes tener fe y confianza.

  4. Envíale una carta escrita a mano de vez en cuando

    No hay que subestimar ese maravilloso sentimiento cuando te llega una carta en tu buzón, la abres y ves su escritura. Este es un placer que a menudo nos olvidamos de hacer. Además, es mucho más romántico.

  5. Ábrete a tu pareja y deja que sepa cómo te sientes.

    Tanto si estás triste, como si estás alegre, lo mejor es compartirlo. De esta manera sabrás cómo reacciona tu pareja en todo tipo de situaciones. Por otro lado, cuanto más te abras a la otra persona, lo mismo ocurrirá al revés, pudiendo así conocerle y ayudarle en todo lo que necesite. Es fundamental para la unión de una pareja que no haya secretos.

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20 Problemas típicos de la pareja

20 Problemas típicos de la pareja

Los problemas más frecuentes de las parejas que pueden provocar una ruptura.

Es Muy importante identificar y abordar los problemas correctamente y salir fortalecidos una vez que los hemos superado. Todas las parejas se enfrentan a problemas y casi todos los problemas tienen su solución. Lo importante es mantener la fe de que merece la pena encontrarla y luchar por ello. 

 

 

1. El Trabajo

Generalmente los dos  trabajan en lugares distintos. Más de ocho horas por día, cinco días a la semana. En muchas ocasiones nos invade la sensación que la sensación de la vuelta a casa es muy diferente al esperado. Muchas horas, mucha vida sin compartir. Ese es el momento en el que debemos aferrar a  la comunicación con   sinceridad y confianza.  No debes permitir que el trabajo se traduzca en un problema con tu pareja.

 

2. Viajes, ausencias, distancia

También el trabajo u otras razones pueden imponer viajes, distancia y ausencias prolongadas de por medio. La pareja se ve privada de poder reafirmar su compromiso diariamente a la vuelta del trabajo. Es un «más difícil todavía». La solución debe pasar por una mayor comunicación (llamadas de teléfono, hablar mucho, apoyarnos en continuos detalles, atenciones…), y sobre todo más sinceridad, confianza y apoyo. La pareja tiene que hacer un esfuerzo por compartir lo que ocurre fuera del hogar: las aspiraciones, las frustraciones, los éxitos, los enfados, etc.

 

3. La Familia

A veces la familia puedecrear maravillosas y bonitas relaciones, pero también puede crear discusiones. Los problemas surgen cuando la actividad familiar afecta a la vida de la pareja con intromisiones, injerencias, preocupaciones, problemas, etc. La familia supone una prueba de fuego para la pareja, la cual tendrá que asumir decisiones y responsabilidades.

 

4. Los Hijos

Los hijos contribuyen de forma decisiva a afianzar la vida de pareja con sentimientos y responsabilidades que hacen más sólida una relación. Pero no siempre ocurre así. Especialmente si no hay equidad, convergencia en los puntos de vista, complicidad a la hora de criar, tratar y educar a los hijos.

 

5. La desconfianza

La confianza es un pilar fundamental de la vida de la pareja. Si no hay confianza muchos problemas se harán irresolubles en la vida en común. Uno de los problemas más típicos de la falta de confianza con los celos. Pero no es el único. La desconfianza puede provocar actitudes humillantes para la pareja, además contribuye a fomentar una imagen negativa, la falta de autoestima, etc. La desconfianza debilita el apoyo, la comunicación y el compromiso otros dos pilares importantísimos para la larga vida de la pareja.

 

6. La falta de apoyo

Apoyo sin reservas, esa es la receta. La falta de apoya crea un sentimiento negativo de frustración, de pensar que «el otro» te ha fallado. La actitud solidaria debe ser una de las constantes vitales de la pareja.

 

7. La infidelidad

Hoy en día parece que la infidelidad es un valor a la baja. Sin embargo, también hoy en día se baten récords cada año en rupturas de parejas. Recientemente el INE recogía que las parejas (matrimonios) que habían roto (separación) tras su primer año habían crecido un 325% en sólo doce meses. Una cosa es que se adopten actitudes liberales y permisivas y otra muy distinta es que en la práctica se tolere y se conviva bien con la infidelidad. Si quiere destruir una pareja, sea infiel; o incluso basta con adoptar actitudes equívocas: excesiva amabilidad, confianza o confidencialidad con un tercero… Algunas parejas no reconocen que estas cosas les sientan mal, las acumulan y van generando desconfianza, negatividad, introversión, falta de comunicación… La pareja, en la practica, suele ser exigente y absorbente y no admitirlo puede llevar a la relación por unas vías llenas de turbulencias y de riesgos.

 

8. El sexo

Quizás puedan existir parejas felices sin que el sexo tenga protagonismo. No caeremos en la tentación de sobredimensionar el sexo. La pareja evoluciona en el tiempo y con ello la propia relación sexual. Sin embargo, una relación sexual viva, imaginativa, intensa, vibrante… será un magnífico «seguro» para aguantar y sobrellevar otro tipo de problemas (familiares, laborales, etc.). Así que si quiere un buen consejo para superar problemas aquí va: haga que su vida sexual reavive la ilusión y el interés mutuo, que sea una forma de transmitir armonía, deseo, amor y sellar de forma cómplice la unión que define a la propia pareja. Haga el amor, no la guerra. Y hágalo con la pasión que lo hacía cuando comenzó a caminar. Si falta el buen sexo, quizás haya despedido un buen aliado para la salud de la pareja y para la solución de muchos de sus problemas.

 

9. La convivencia

Un espacio para dos… o más. En la casa se pasan muchas horas, se trabaja en las tareas del hogar, se ve la TV, se usan los mismos cuartos de baño, se escucha música… Para la casa se compran muebles, se piden prestamos, hipotecas, etc. Cada persona hace un uso de este espacio vital que es la casa conforme a su educación o a su cultura. A algunos no les importan los olores, otros son muy sensibles a estos y no los soportan; a unos les agrada el desorden, a otros les irrita; los hay maniáticos de la limpieza e incluso les crean problemas de asma, otros pasan de ella. Hay quienes quieren dejar una luz encendida por la noche, otros no pueden dormir con luz. No digamos lo que pretenden dormir en invierno con las ventanas abiertas, mientras que su pareja se desvela por el frío y los frecuentes constipados. Incluso poner la mesa o lavarse las manos antes de sentarse a ella, puede ser objeto de polémica. No digamos la intendencia diaria de la casa: mantenimiento, limpieza, etc. etc. Todas estas diferencias pueden ser extenuantes en la vida de la pareja. Algunos pactan y con flexibilidad llegan a contentar a ambas partes, otros recurren al sexo y en la cama olvidan las diferencias domésticas… Hasta el punto que si la discusión era pintar una habitación de rojo o amarillo, al final se pinta de naranja. No digamos si a veces viven otros familiares (suegros, hermanos…) y la situación se agrava; en esto casos la casa se puede convertir en una importantísima fuente de problemas. ¿Cómo resolverlos? A veces la respuesta está en la comprensión, otras veces en la tecnología o en cambiar de casa ¿Por qué no? (mejor que cambiar de pareja).

 

10. Las amistades

La pareja debe llevar una política única de amistades. Una fuente de problemas son las amistades de uno, las amistades del otro. El problema podría ser anecdótico, pero no tanto si la pareja va notando como las confidencias entre los amigos de uno y otro superan la comunicación de la pareja; algo que es aconsejable que no ocurra nunca. En la práctica la pareja debe redefinir el concepto de amistad; aquellas parejas que no lo hacen, tienen en este punto una fuente de distorsiones que deben superar con la comunicación, la confianza, la fidelidad, etc. etc.

 

11. Manías, gustos, aficiones diferentes

Hace años las mujeres se dedicaban a bordar y hacer tareas del hogar y los maridos se iban al bar a jugar a las cartas o la fútbol. Hoy en día esto no es tan extremo y quizás el tema se reduzca a una discusión sobre quién se queda con el mando a distancia de la TV. Si es sólo eso quizás sea muy superable. Pero ¿qué pasa cuando uno quiere las vacaciones en una playa masiva y otro una casita rural? O si uno quiere jugar al golf y el otro montar a caballo; uno prefiere ir a un restaurante francés y otro a un thai; a uno le encanta el bricolaje y al otro ir de compras, etc. etc. El tema se complica… Y habrá que contar con otros activos (buen sexo, comprensión, empatía, flexibilidad -hoy tú, mañana yo- etc. etc.

 

12. Falta de equidad en las cargas del hogar

Muchas parejas suelen cargar muy desigualmente las tareas del hogar. Si por ejemplo uno trabaja fuera y el otro no, la conclusión es que el segundo debería acometer en mayor medida las tareas del hogar. Esto es un contrasentido, puesto que la brecha se hace aún más grande. No sólo no se comparte una gran parte del tiempo cuando se está fuera sino que en casa tampoco se comparten tareas que pueden servir de excusa para aproximarse, dialogar, en síntesis, estar más juntos. El sentimiento de proximidad, de solidaridad, de apoyo, es muy importante en la pareja, y debe hacerse todo lo que sirva para fomentarlo. Hacer la cena juntos, meter juntos los platos en el lavavajillas, encender la chimenea, repasar lo que ha sido el día antes de ir a la cama, compartir las obligaciones del día siguiente… todas esas cosas son muy saludables para la pareja.

 

13. Inflexibilidad y falta de comprensión

La falta de flexibilidad y de comprensión es otra fuente de problemas. La vida en común exige de empatía y de la adopción de posturas acordes con la situación que se vive en cada momento. Las posturas inflexibles en el tiempo fomentan otras rigideces e intolerancias, fomentando la negatividad.

 

14. La negatividad

Es un estado mental que es demoledor para una persona. Se empieza criticando a una vecina y tras esto se sigue con amigos, familiares, etc. Al final la negatividad llega a la pareja y a nosotros mismos. La falta de autoestima es un peligro para la relación de la pareja. La inseguridad se traducirá en desconfianza, falta de apoyo, etc.

 

15. El Aburrimiento

Algunas parejas someten su relación a rutinas o cargas tan previsibles que llevan a un aburrimiento hasta que al final acaba pasando factura. El aburrimiento es subjetivo. Una pareja de enamorados se divierte con un parchís y una tortilla francesa y dos velas encima de la mesa. A otras les aburre un safari por África o una noche en París. El aburrimiento suele ser una consecuencia de otros problemas acumulados: falta de comunicación, falta de equidad en las cargas, inflexibilidad, amistades, gustos diferentes, sexo…

 

16. La falta de comunicación

Es una de las causas más importantes en la generación de problemas de una pareja. A veces determinadas discusiones no se han resuelto bien. La conclusión de una de las partes es «la próxima vez mejor callar que discutir», esto no lleva a nada. En la pareja una discusión debe concluir con acercamiento, aplicación de posturas flexibles, y con el sentimiento de que ha servido para acercar y comprender mejor. Hay que combatir la irritación, los malos entendidos, las incomprensiones, etc. etc. Todas estas cosas de no resolverse acentuarán la incomunicación. No dejes que el mayor aliado de la salud de la pareja (la comunicación) se separe de vuestro entorno. Cuida al máximo la comunicación.

 

17. La falta de sinceridad

Incluso hasta la mayor fluidez en la comunicación de la pareja no servirá para nada si no hay sinceridad. Un mandamiento irrenunciable para la pareja: la sinceridad. Cuando falta provoca negatividad, desconfianza, recelo, falta de comunicación y en muchos casos ruptura o problemas mayores de diversa índole. La falta de sinceridad es, de hecho, una falta de respeto a la persona. Y cuando en la pareja falla el respeto la evolución del problema puede adquirir dimensiones realmente preocupantes, hasta el punto de adulterar y prostituir el propio concepto de pareja.

 

18. Falta de capacidad para perdonar

Cuánto más amas a una persona, más capaz eres de perdonarla. Así de sencillo. La falta de capacidad para perdonar es un mal síntoma: indica que el amor no goza de buena salud. Todos comentemos errores; compréndelos y perdónalos de antemano. Piensa en positivo lo que aporta tu pareja. Practica la empatía, tu perdón es un regalo de amor.

 

19. Falta de correspondencia

Por supuesto en el amor; pero también en todo. La pareja es cosa de dos. La convivencia no puede estar fundamentada en la generosidad, paciencia el apoyo mutuo y comprensión de solamente una de las partes. Se perdona y se comprende si hay capacidad de corresponder por ambas partes.

 

20. No defender tu espacio

Cuando terceras personas ocupan el espacio (no sólo físico, sino muy especialmente psíquico) de la pareja, esta devalúa su relación. La pareja debe defender un espacio que le es propio para tomar su propias decisiones, para llevar a cabo sus ilusiones, para compartir problemas, preocupaciones, etc. No renuncies a luchar si ves que por cualquier circunstancia ese espacio se ve disminuido o alterado.

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5 consejos para controlar los celos

5 consejos para controlar los celos

 

Es normal tener celos. En toda pareja surgen por una u otra razón.  De hecho, para muchos los celos pueden considerarse como una prueba de amor, algo ligado a la obsesión de tener conocimiento de todo lo que nuestra pareja hace o deja de hacer.  Sin embargo, surgen momentos en donde los celos se  salen de control y si no logramos apaciguarlos hasta pueden arruinar el día a día de una relación, ocasionando incluso su ruptura

Es muy importante aprender a controlar y superar los celos, y convivir con nuestras propias inseguridades, entendiendo que aveces surgen de un sentimiento propio de inferioridad. Debemos estar seguros con nosotros mismos, sin dudar consecuentemente de la persona que tenemos a nuestro lado. 

¿Quién no ha sufrido por culpa de este sentimiento incomodo? Aquí comparto con ustedes algunos consejos para mantenerlo controlados. 

 

1  Razona respecto a lo que sientes

Si sientes celos no dejes, en primera instancia, que inunden tu mente. Respira ondo y Razona. Tu puedes decidir cómo quieres transformar tus emociones. El primer salto, es admitir que se trata de un problema real que de seguro está afectando la relación. Los celos pueden debilitar a ambas personas en una relación y puede impedir incluso que continúen juntos. Si revisas constantemente las redes sociales de tu pareja, o su teléfono o correo electrónico, buscando pistas que te indiquen que te engaña; si no puedes soportar que tu pareja converse con alguien más del sexo opuesto, o incluso tienes la certeza de que todas las mujeres o todos los hombres pretenden ‘seducir’ a tu pareja, es probable que tengas un problema con el manejo de los celos. Pero no te preocupes puedes trabajar en ello, y recuerda también que no eres la única ni la ultima persona que siente o sentirá este tipo de sentimientos negativos.

 

 2  Confía en ti mismo

Por lo general los celos son  producto de la inseguridad emocional y de la baja autoestima. En ocasiones, es un miedo inconsciente al abandono, o a que la otra persona deje de interesarte en ti. Ten en cuenta siempre a la confianza como un escudo contra los celos recurrentes. Si crees en ti incluso pensaras de forma mas clara, y en el caso de sufrir un rechazo sabrás con seguridad que la culpa no te compete, pues todos somos seres libres, y nuestra existencia no esta ligada exclusivamente a una persona.  Las personas que tienen confianza en sí mismas saben que incluso si son rechazadas o burladas,  confían en que podrán asimilarlo y recuperarse. Incluso si es es su culpa, eso no les quita valor, no somos perfectos, y la vida es un constante aprendizaje.

 

3  Que tu imaginación no hable por ti

Cuando creemos que una situación  no es totalmente clara acerca de tu pareja, esto  puede ocasionar un sin números de teorías sobre infidelidad.  Cuando una supuesta infidelidad se pega en tu mente, comienzan los celos y la paranoia. En ese caso te recomiendo que trates de encontrar otra actividad que distraiga tu cabeza, hasta que tu pareja regrese y puedan tener una conversación razonable y civilizada sobre lo que sientes. Que tus emociones no gobiernen tu imaginación.

 

4  No conviertas tus sentimientos en un asunto público.

Si todo el mundo conoce tu hipótesis, o conclusiones  aumentarán tus ideas, y tu imaginación creara nuevos nexos para darle veracidad a la idea paranoica que te esta consumiendo la mente. Siempre es mejor abordar las inquietudes con tu pareja antes de hacerlo con terceros. Pues si hay un problema cierto son ustedes dos los únicos que pueden solucionarlo.

 

5  Aprende a confiar progresivamente en tu pareja

Una de las cosas más difíciles pero más importantes para superar los celos, es tratar de dejar de analizar cada cosa que tu pareja hace, y comenzar a confiar un poco más. Permítele a la otra persona a disfrutar de su propia vida, incluso cuando no esté contigo. No olvides que te ama, y que te valora mas que a nadie, por algo te ha elegido.

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